Mosaico. Cuentos de Armando José Sequera

Armando José Sequera es un escritor, periodista y guionista de radio. Nació en Venezuela en el año 1953. Ha obtenido quince premios literarios, entre ellos Casa de las Américas (Cuba, 1979), Diploma de Honor IBBY (Suiza, 1996), Bienal Latinoamericana Canta Pirulero (Venezuela, 1998) y la Bienal Mariano Picón Salas, Mención Salvador Garmendia (Venezuela, 2001).

La mayor parte de su obra literaria está conformada por cuentos cortos del género detectivesco. Algunos cuentos han sido redactados en solo cuatro párrafos, siempre concretos y entretenidos.

Mosaico.

Mosaico es una antología de cuentos que enmarca sus mejores piezas en el periodo comprendido entre 1977 y 2001.

Es notable resaltar que en algunos casos, el autor recurre al cuento circular y a la reutilización de escenas desde un punto de vista alterno, como ocurre en «Párrafos redactados para resumirte lo ocurrido» y «Cuatro extremos de una soga»

¿Conocías la obra de este autor? ¿Qué te ha parecido?

La mansión del laberinto

Don Javier era un viejo millonario italiano que, aunque vivía con sus hijas, seis, para ser más específico, Luna Llena, Luna Nueva, Luna Clara, Luna Gris, Luna Blanca y Luna Negra, tenía una vida muy solitaria. Vivía rodeado de los más excéntricos lujos y con mucha pomposidad, pero siempre sentía que algo le faltaba. Tenía un hermano, Marco, que nunca iba a visitarlo, y eso lo hacía sentir muy mal. En su enorme mansión vivía, como ya lo dije, con sus seis hijas, y muchos de sus empleados que también habitaban esa enorme mansión; jardineros, amas de llaves, cocineros, etcétera, se habían convertido en parte de la familia de Don Javier. Esta mansión tenía la particularidad de que podías entrar fácilmente, pero, era prácticamente imposible salir de allí. Solo Don Javier conocía la forma exacta para abandonar su propia casa, solo él y nadie más.

Habíamos ido de visita para realizar un reportaje acerca de la historia de la mansión de Don Javier, mi compañera y yo, y nos quedamos maravillados y atónitos ante semejante construcción: enormes jardines llenos de caminos de piedra, fuentes de agua y pequeños lagos poblados de patos y otros animales, un gran muro de arbustos muy bien podados nos rodeaban además de un gran arco de mármol que nos daba la bienvenida a la casa principal. Lucía imponente, como un gigantesco castillo medieval, al cual se podía entrar a través de unas escaleras anchas y bajas, allí nos esperaba doña Eva, que era la ama de llaves principal de esa enorme casa. Salieron a nuestro encuentro las seis Lunas, el pequeño José Ruth, hijo de Luna Clara, el mayordomo, el portero que se llamaba Pedro, y todos los que en ese momento estaban allí, pero sin rastro de Don Javier.

Como era de imaginar y de esperar, dimos un recorrido guiado por la enorme casa, vimos las habitaciones, los salones, el gigantesco comedor y su respectiva cocina, anchos pasillos nos conducían a diferentes estancias, en fin, un largo recorrido por la mansión. Fue tanto lo que tuvimos que caminar que me quité los zapatos para poder realizar la visita sin inconvenientes. Habíamos hablado con doña Eva, quien nos dio todos los detalles acerca del trabajo que se realizaba a diario por todos los empleados, además de que las seis Lunas también nos dieron una gran cantidad de anécdotas familiares, pero llegó a colación un comentario sobre la mayor particularidad de la mansión; Luna Clara, con voz de misterio, nos dijo: -«Todo el mundo sabe cómo entrar aquí, mas nadie conoce la forma de abandonar nuestra casa, mi padre es muy celoso con su secreto, tanto que no lo confió a ninguna de nosotras, sus hijas, ni a doña Eva, ni a nadie más.»

Esas palabras nos estremecieron y nos llenaron de cierto temor de quedar atrapados allí, en un lugar que parecía haber quedado congelado en el tiempo y que cada vez parecía hacerse más y más grande. Luego de haber realizado nuestro reporte, nos invitaron a un abundante y opíparo almuerzo junto a toda la familia y los empleados de mayor confianza de Don Javier, pero, como ya saben, el dueño de la mansión no se hizo presente. Comimos los más variados platillos y postres que solo una familia grande y pudiente podría darse el lujo de probar a diario. Luna Clara y sus hermanas nos dieron un segundo recorrido, en esta oportunidad a través de un sinuoso jardín lleno de arcos y caminos hechos de ladrillos, seguidamente, ese jardín culminaba en una gran fuente bajo techo con piscinas circulares y poco profundas, a las cuales se podía acceder a través de otro camino de ladrillos de forma zigzagueante, como una larga y colorada serpiente. Grandes lámparas colgaban del techo del recinto además de la luz del sol que entraba a la sala a través de grandes ventanales vestidos de ricos vitrales cargados de muchas formas y colores. Luego de esa segunda vuelta a los alrededores de la mansión, recibimos un recado por parte de doña Eva; al fin, luego de una larga espera, Don Javier nos recibiría.

Fuimos de inmediato a la gran casa del millonario anciano, que se encontraba en su habitación solo, envuelto en sus sábanas en un rincón, sentado en una silla y con cara de profunda tristeza y preocupación. Murmurando, nos pidió que nos acercáramos a su lado, y nos dijo en voz baja: «Aunque tengo todo lo que un hombre busca, quiere y necesita a lo largo de su vida, una hermosa familia, una casa enorme, una gran cantidad de lujos y comodidades, he sentido que falta algo para que mi felicidad sea completa, aunque mi hermano no haya venido por acá en muchos años, espero que esté bien y que por lo menos se acuerde de mí, eso me basta para poder estar en paz conmigo mismo…» Al escuchar a Don Javier hablando de esa forma, mi compañera, de manera no muy oportuna, interrumpió al anciano y ella quiso saber la forma de salir de la casa, a lo cual, Don Javier le respondió: «No hay manera de salir de un lugar al cual nunca se ha podido entrar. Si aún queda algo pendiente, algo por lo cual tu misión aún no está completa, tal vez no sea el momento adecuado para quedarse aquí, pero no soy el más indicado para mostrarles la salida de la mansión; salgan, salgan de aquí, mi tiempo con ustedes se ha terminado…»

Al salir, solo recuerdo que atravesamos un largo y estrecho pasillo, iluminado por una luz blanca que nos conducía a un laberinto rodeado de paredes blancas, no había nadie más aparte de mi colega, cuando, al llegar al laberinto, apareció frente a nosotros el nieto de Don Javier, el hijo de Luna Clara, José Ruth, vestido completamente de blanco y con un pequeño conejo, blanco también, en sus manos, al momento de vernos, salió corriendo a través del laberinto y decidimos seguirlo. A través del sinuoso y blanco pasillo fuimos corriendo detrás del pequeño niño y su conejito, y, al llegar a la salida, una fuerte luz blanca nos iluminó, seguidamente una voz nos dijo exactamente lo que Don Javier nos contó en su habitación: «No hay manera de salir de un lugar al cual no se ha podido entrar…»

Todo tenía sentido para mí. Mi compañera y yo despertamos en la sala de emergencia del hospital, habíamos tenido un accidente automovilístico; cuando desperté de la muerte, recordé claramente lo que Don Javier nos dijo: «Si aún queda algo pendiente por hacer, algo por lo cual tu misión no está completa, tal vez no sea el momento adecuado para quedarse AQUÍ…»

Habíamos muerto y visitado la mansión celestial, creo que incluso hablamos directamente con Dios, comprendí que nuestra misión aún no está completa en este mundo. Por eso, el secreto para volver al plano terrenal no lo conoce nadie, ni siquiera nosotros que vimos cómo se podía volver del más allá.

La colección de arte más importante del mundo

Lo que actualmente se conoce como la colección privada de arte más importante del mundo, ha quedado en manos del nuevo monarca británico Carlos III.

Su predecesora, Isabel II, en su extenso reinado no solo sumó obras a la colección real, sino que se preocupó por la restauración de piezas con cientos de años de historia dentro de la familia, e invaluables para el arte en general.

Estas obras se encuentran ubicadas en las diferentes propiedades de la corona como el Palacio de Buckingham, el Castillo de Windsor, Casa Frogmore, Clarence House, Palacio de Holyroodhouse, Hampton Court, National Gallery y Victoria and Albert Museum. Gracias a que se exhiben al público, obras de Rubens, Da Vinci, Miguel Ángel, Monet, Warhol, entre muchos otros, pueden ser admiradas por la colectividad.

Carlos III se conoce por ser admirador del arte y posee algunas obras de alta envergadura que se espera se incorporen pronto a la colección real. Según algunas fuentes cercanas al palacio, se plantea la posibilidad de incluir nuevas obras en los próximos meses.

Estaremos atentos para presentarles todas las noticias al respecto.

3 hallazgos arqueológicos perturbadores

A lo largo de la historia, han existido descubrimientos que nos han dejado pensando en qué hemos fallado al establecer una línea de tiempo que podemos considerar como el desarrollo de la humanidad, ya sea por el adelanto en su tiempo o en los detalles de su composición.⁣

Hoy te presentamos 3 casos increíbles que han sido hallados por arqueólogos:⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟯: La 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦 𝘛𝘦𝘤𝘢𝘹𝘪𝘤-𝘊𝘢𝘭𝘪𝘹𝘵𝘭𝘢𝘩𝘶𝘢𝘤𝘢, descubierta en 1933 en el valle de Toluca, México. “Desde las primeras discusiones de este hallazgo durante el XXXIV Congreso Internacional de Americanistas en 1960, varios especialistas de la arqueología Mesoamericana (Gordon Ekholm, Jose Alcina Franch y David H. Kelley, entre otros) han considerado la cabecita de Tecaxic-Calixtlahuaca como una de las evidencias Mesoamericanas más confiables acerca de la existencia de contactos transoceánicos precolombinos.” (Romeo H. Hristov).⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟮: El 𝘮𝘦𝘤𝘢𝘯𝘪𝘴𝘮𝘰 𝘥𝘦 𝘈𝘯𝘵𝘪𝘬𝘺𝘵𝘩𝘦𝘳𝘢 fue hallado en 1900 por un equipo de buceadores griegos que se encontraban buscando esponjas marinas, en la isla de Symi, en el Mediterráneo Oriental. Este artefacto adelantado a su época tiene aproximadamente 2200 años de antigüedad. Fue construido entre el 70 y 200 a. C. En 2021, los científicos de la UCL Mechanical Engineering del Reino Unido; finalmente, lograron armar la parte faltante y descubrieron que fue construido para predecir eclipses. “Si los científicos griegos antiguos podían producir estos sistemas de engranaje hace dos milenios; toda la historia de la tecnología de Occidente tendría que reescribirse” (Freeth).⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟭: 𝘎𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘲𝘶í𝘮𝘪𝘤𝘢 𝑝𝘦𝘳𝘴𝘢. En el año 1933 el arqueólogo Robert du Mesnil hizo un perturbador hallazgo en cuanto a las guerras químicas. Durante las excavaciones, se encontraron una serie de túneles que escapaban de lo común. En ellos se encontraron 19 cuerpos que parecían intentar escapar de algo. Luego de varias investigaciones, se llegó a la conclusión de que hace más de 2000 años atrás, los persas atacaron a los romanos utilizando la química.⁣

¿Cuál de estos hallazgos te gustó más? Déjanos saber en los comentarios.

EL ORFANATO

Trabajaba en una antigua construcción del siglo XIX a las afueras de la ciudad, estábamos en labores de restauración de la estructura de una vieja casa que, a juzgar por la cantidad de habitaciones y oficinas que allí habían, se trataba de un hospital, un hotel o una de tantas casas que funcionaban como centros de albergue de pequeños niños que, por circunstancias de la vida, lamentablemente quedaron huérfanos o simplemente eran abandonados por sus inescrupulosos padres queriendo librarse de sus responsabilidades. Según nos contó el profesor Dexter Ambrose, cronista e historiador, allí efectivamente funcionaba un orfanato, llamado Sterling-Mason en honor a las familias que eran las benefactoras de dicho orfanato entre los años 1850 y 1893 donde por una extraña y desconocida razón, éste fue clausurado.


Al abrir las puertas de la casa, se percibía un ambiente tétrico y espeluznante, incluso a plena luz del día, ventanas rotas, la madera de las puertas y el piso carcomida por las termitas y enmohecida por la humedad del lugar, telarañas y un fuerte hedor a excremento de palomas en todo el lugar, daban escalofríos y miedo tan sólo al pasar a través de las habitaciones; los catres y literas aún con sus sábanas y almohadas acomodadas en su lugar, donde los ratones habían hecho sus madrigueras y los baúles que guardaban las pertenencias de los pequeños permanecían cerrados, como cápsulas del tiempo que aguardaban ser abiertas. Al final del pasillo principal se encontraban las oficinas principales del orfanato, dirigido al momento de su clausura por Mr. Simon Johnson y asistido por las hermanas de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que se abocan principalmente al cuidado de los más desposeídos, los ancianos y en este caso, a los cientos de huérfanos que allí vivían durante los 43 años de servicio del hogar.


Abrimos las puertas de la oficina principal y logramos encontrar el archivo que custodiaba con sumo recelo y cuidado, los expedientes de todos los niños y niñas, en estricto orden alfabético en dos gavetas; una, donde se encontraban los documentos de los niños que eran adoptados, y por otro lado, la gaveta más grande donde estaban los expedientes de los niños que esperaban encontrar una nueva familia. Según el estudio del profesor Ambrose, de acuerdo a lo encontrado en el archivo de niños adoptados, se pudo deducir que la gran mayoría fueron adoptados por familias pudientes no sólo de la ciudad de Nueva York, sino también de ciudades como Chicago, Boston y Detroit, mientras que eran realmente reducidos los casos en los que los niños volvían al orfanato Sterling-Mason, que se había caracterizado por enseñar valores y disciplina de manera estricta, además de proporcionar la educación básica para que los niños pudieran tener conocimientos acerca de ciencias varias al momento de su adopción o al momento de que cumplieran su mayoría de edad.


Al momento de finalizar la inspección preliminar de la estructura de la casa, nos dispusimos a realizar las labores de restauración, pedida expresamente por el Departamento de Preservación del Patrimonio Histórico del ayuntamiento, donde el Profesor Dexter Ambrose era uno de sus más importantes miembros, además de ser un gran historiador, es un hombre apasionado en los temas de la navegación y las diferentes expediciones que se han realizado alrededor de los polos. En una breve reunión que tuvimos con él, nos explicó que esta casa donde funcionaba el orfanato, era una propiedad conjunta entre las familias Sterling y Mason, que amasaron grandes fortunas en la industria del carbón y la industria ferroviaria respectivamente, y que fue adquirida en el año 1848 precisamente para iniciar el funcionamiento de dicho orfanato, administrado en primer lugar, por la esposa de uno de los magnates que se asociaron; Elizabeth Sterling, sucedida en su puesto años más tarde por su hija, Margaret Sterling-Mason. Ambas fallecieron en circunstancias aún desconocidas, asistidas siempre por las hermanas Carmelitas, y finalmente su puesto fue tomado por Simon Johnson, un profesor de escuela primaria caracterizado por su estricto carácter y su falta de tolerancia ante la indisciplina y el desorden.


En los alrededores de la casa, los jardines eran los únicos lugares donde el paso del tiempo no hizo mella; jazmines, lirios y muchas rosas aún florecían como en los tiempos pasados, donde a diario se veían a los niños correr y jugar en los espacios del hogar de cuidado, mientras eran observados por las monjas que se encargaban de velar por ellos. El parque de juegos estaba también deteriorado, aunque me llamó la atención una puerta metálica sellada al fondo del edificio con remaches y soldaduras. Intrigado, mantuve este lugar en secreto para intentar saber qué se ocultaba a la vista de quienes entraran al recinto luego de la clausura del orfanato. Juzgué que detrás de esa puerta, se encontraba la respuesta al misterio en torno al cierre del lugar. Durante las labores de restauración, me tomaba un buen tiempo para intentar abrir esa puerta, usando las herramientas de los obreros que habíamos contratado para trabajar en ese momento, sierras, cizallas, discos de corte… Nada había funcionado hasta entonces.

Durante el día, no sucedía nada fuera de lo común dentro de la casa, hasta que una noche, los vecinos llamaron a la policía argumentando escuchar ruidos provenientes del antiguo orfanato; sonidos de cadenas arrastrándose, seguido de alaridos de dolor y sufrimiento acompañados de carcajadas fueron la sinfonía del horror orquestada esa noche en particular. Este misterio se volvía más difícil de resolver. A la mañana siguiente, hablé con el profesor Ambrose sobre la puerta del fondo del pasillo, confidencialmente, por supuesto; afirmó que dicha puerta no aparecía demarcada en los planos originales del edificio y que, por consiguiente, no representa algún acceso o construcción anexa al patrimonio documentado en la propiedad. Insistí en llevarlo hasta el sitio y efectivamente, me creyó acerca de este acceso oculto, e inmediatamente, llamó a dos obreros para que pusieran manos a la obra y derribaran esa puerta. Encontramos cierta dificultad para ingresar al recinto que se hallaba tras esas paredes, bajamos a través de unas escaleras que allí se encontraban, y llegamos a una especie de sótano amplio y completamente oscuro donde la única manera de acceder era a través del paso que habíamos descubierto. Llevamos nuestras linternas para iluminar nuestros pasos, y al llegar al sótano, no encontramos evidencia alguna de que allí se realizara algo. El piso era enteramente de tierra, algo muy extraño en esta clase de construcciones de la época. El profesor Ambrose inspeccionando más de cerca, pudo encontrar irregularidades en el piso de la habitación, tales como desniveles en el suelo y unas extrañas cadenas que colgaban de las paredes, de la misma manera como se veían en las mazmorras de los castillos antiguos.


-¡Traigan de inmediato las palas y comiencen a excavar!- exclamó sin titubeos el profesor Ambrose, adelantándose a cualquier petición que yo le hubiera hecho en ese momento. Tras varios minutos excavando, encontramos una caja de hierro, que contenía en su interior varios documentos, entre ellos, una lista de los jovencitos que habían sido devueltos al orfanato, bajo la administración de Johnson, cuya firma aparecía en cada carta de devolución expedida a su oficina. Acto seguido, seguimos excavando y, lo descubierto, nos causó espanto y terror. Una carta dentro de una botella, firmada por el mismísimo Simon Johnson, confesando que él había sido parte del orfanato desde que era un pequeño bebé hasta el momento de su adopción, y que desde que tenía uso de razón, recordaba los malos tratos que, según su escrito, le propinaban las Carmelitas debido a su mal comportamiento. Afirmaba también que deseaba en ese momento de su vida llegar a ser el director del orfanato para poner en su lugar a cada una de las personas que le hicieron daño durante su estancia en ese lugar, también confesó con lujo de detalles, que secretamente mandó construir ese sótano para usarlo como cámara de tortura no sólo para hacer sufrir a quienes eran sus víctimas, sino que también a cada uno de los niños que, por ciertas circunstancias no eran adoptados. Al pie de la carta, también confesó haber asesinado a todos los maestros, a los cientos de huérfanos que allí vivían al momento de la clausura del orfanato y a las hermanas que allí servían durante su administración, mintiendo acerca del destino de las personas que mataba y que torturaba de diferentes maneras, y que al momento de escribir ese mensaje, estaba arrepentido de haber realizado tales atrocidades en ese lugar, y que, la mejor opción que tenía era acabar con su vida.


Todos, horrorizados y confundidos, nos retiramos de allí, con más dudas que respuestas, como habíamos acordado, nuestro trabajo de restauración del antiguo orfanato Sterling-Mason había finalizado, y, al cabo de varios meses, tras investigaciones, el sótano secreto había sido descubierto. De inmediato, iniciaron excavaciones donde encontraron los restos de cientos de personas que allí habían sido sepultadas, y en una habitación secreta adyacente, se encontró colgado del cuello, el cadáver reseco de Simon Johnson.

DEJANDO EL UMBRAL

Me llamo Evelyn y me considero una persona tranquila, leal y soñadora. Siempre he visto la vida con demasiado ánimo y realidad. Nunca he sido cobarde ni me asusta nada que está por venir. El futuro está ahí esperándome y lo espero con serenidad.

Esta mi historia, pocos la conocen, no porque me afectó, sino porque le resté importancia. Lo vi como un caso fortuito, que me llegó y experimenté. Nada que no pudiera superarse. Fue solo un » caso» extraño sí, pero que a cualquiera le puede pasar.

Yo tenía en esa época, sólo 16 años y como toda adolescente con padres y hermanos amorosos e inmejorables, vivía feliz. Me estaba iniciando a esa edad en la vida universitaria. Realmente no podía pedirle nada más a la vida Todo en mi vida era casi perfecto o así lo creía.

Me levanté esa mañana con mucha alegría y entusiasmo. Hice frugales comidas. En la noche no quise cenar. Me aguardaban los libros de leyes y sobre todo uno de una materia muy interesante, aunque un poco complicada ya que el catedrático que impartía la materia tenía fama de exigente y de que muy pocos de sus alumnos podría aprobar con él. Yo esto lo vi como un reto, uno de esos retos que movían cada fibra de mi cuerpo. Los retos me fascinaban y con esos media día a día mis capacidades. Me gustaban los deportes extremos y los practicaba con éxito. Para mí el estudio era eso un deporte donde se evaluaba mi capacidad, para ser premiada o no. Lo cierto es que ese día me entusiasmé estudiando y luego me fui a dormir.

Llegó el otro día y todos me buscaban en mi casa. Nadie me había visto. Mi cama estaba intacta. Hasta que a mi hermano se le ocurrió que estaba en el baño y así fue: estaba tirada en el piso totalmente inconsciente y muy pero muy pálida. Se reflejaba la muerte en mi semblante.

Mis padres me llevaron a un hospital, en dónde caí en coma profundo. Analizaron mi sangre y notaron una bajada súbita de potasio. No daban seguridad de vida. Materialmente estaba muerta cerebralmente. Fui atendida por muchos médicos que no acertaban ni vislumbraban luz en este caso. No tenía reacciones. Estaba desconectada del mundo; aunque conectada a muchas y extrañas máquinas de alta tecnología. Mi alimentación y excreción era por medio de sondas. Yo era casi un vegetal. Estaba inerte.

Así pasaron los meses, llegando al tercer mes observaron que ya nada se podía hacer. Todo era infructuoso. Mis padres se negaban a retirar los aparatos que me mantenían con vida. Mi corazón aún latía. Mi padre buscó un sacerdote para mi partida a la «otra vida» según sus creencias. Lo cierto es que oraban y me untaron la Unción de enfermos. Como cosa inexplicable, comencé a sentir y ver un largo trayecto o pasillo que me acercaba cada vez más a una luz que al principio era tenue y suave. Y veía una salida que me indicaba que por ahí debía pasar.

Mi cuerpo estaba suspendido y yo desde allá, en aquel lugar sin dirección vi mi cama de hospital y mi cuerpo en ella. Veía a mi familia llorar y orar. Bruscamente desperté, mis ojos se abrieron sin brillo y mi boca se abrió para exhalar un fuerte ruido. No era un grito. Era una exclamación intangible Vi a uno de mis médicos llorando y diciendo «milagro». Jamás olvidaré esa palabra que en ese momento no entendía.

Era casi imposible salir de un coma profundo. Seguí en aquel hospital en medio de terapias, estudios extraños como el Arco Análisis, inyecciones para activar mi cerebro pero había un problema: yo no podía controlar mi posición, el habla, no podía caminar y tenía movimientos raros en mis extremidades y cabeza. Además estaba amnésica. No recordaba ni a mis padres. Mi madre me presentaba fotos de mis familiares y amigos y poco a poco recobré un poco mi marcha. Ya no me golpeaba con las paredes, ya no me balanceaba y podía sostener objetos…

Volví a mi vida de antes. Logré mi título de Abogado y comencé a trabajar y fui muy querida y respetada por mis empleados. Era una persona muy responsable y capaz y mis superiores alababan mi trabajo.

No tuve suerte en el amor, ya que me torne muy detallista y perfeccionista

En mi corazón me sentía satisfecha. Había pasado por mi mayor reto. Una lucha justamente con el destino.

Hoy entrando a una edad avanzada, con mi cabello cano y algunas arrugas surcando mi rostro me siento serena. Porque todo esto denota mi soledad. Ya muertos mis padres, no encontré nada más para continuar entre los míos. Mis hermanos ya no me demostraban ni amor ni hermandad. Tal vez mi enfermedad extraña les parecía cosa de dementes porque fueron 6 años que perdí para retomar mi vida e interactuar con mis hermanos. Me fui de mi casa , no me despedí porque dentro de mis entrañas se sentía que algo se desprendía. Fue al momento de abandonar mi amada casa paterna. Ahí deje mis recuerdos con sus alegrías y tristezas.

Ahora estoy lejos, muy alejada de todo, pero lamentablemente aquí tampoco conseguí lo que tanto busqué.

Todo se me ha hecho fuerte. Me es difícil hasta comer, pero conseguí un trabajo cuidando enfermos y ancianos y he aprendido mucho.

Hoy he avalado la naturaleza. Las aves con sus trinos me dan alegrías y siento que nunca estaré abandonada porque cada día puedo llevar un bocado a mi boca. Que tengo un techo que me cobija del frío y puedo subsistir y que nada me faltará. Dios vela por las aves, por la fauna por los hombres y dentro de sus cuidados, ahí, estoy yo. Porque el Dios Todopoderoso quiso darme una nueva oportunidad de vida. Pese a todo lo que me acontece: «Mi mundo es y será bello» hasta que llegué el momento y se acaben mis días y cruce ese umbral con felicidad.