POR MAYRA DE BOURG

…Pasado… ¡Me ahogas! ¡Basta ya! ¿Quién te resiste?
Bien sé que tú me hiciste.
Nada hay en mí, Pasado, donde no hayas posado, tu zarpazo o tus besos.
Con tus juegos traviesos
me has nutrido, formado y deformado.
tierno Pasado.
Por desgracia, —o por suerte— no puedo ya de mi carne y de mi sangre desprenderte.
Soy tu fin, tu morada…
¡Sea! Reside en mí , si te empeñas y expón
de mi ardiente cerebro en un rincón
tus tablas y memorias.
¡Haz balance de todas tus victorias,
de mis viejos amores inventario!
Trabaja bien, y a fuerza de buen archivero y notario,
graba en mi corazón ajado y triste
las viejas escrituras que trajiste.
Para mejor engatusarme
crea ópticas, ilusiones y falsea
la imagen y maquilla con pintura
decorado y figura;
cubre con purpurina,
dorada y fina,
el sueño y la aventura;
insiste, pasteles.
Prosigue tu tarea
triste y macabra de rotulador
y de embalsamador.
Mas prosíguela, al menos, bajo el signo
de la sombra Por esto yo los consigno,
a ti y a tus despojos,
de mi pecho en el fondo. De mis ojos
todo lo que te evoque alejaré.
Cajones vaciaré
con malos trastos,
y al fuego arrojaré
cartas y documentos y retratos.
De mis cofres te exhumó
y te convierto en humo.
Te expulso. Te despido.
Te arrojo de tu nido.
Que evalúes exijo
tu hediondo escondrijo.
Quiero ofrecer a las deidades mudas
las paredes desnudas,
los estantes vacíos.
Adiós, libros, adiós, amigos y míos:
me disgustàis, porque me habéis gustado.
Poemas que he leído demasiado:
de mi vera os rechazo Y aunque vivo
quedé mi corazón bajo el derribo
sepultado, yo al menos libertad gozaré, y, ya sin nombre, sin edad,
libre al fin del pasado,
desnudo y sin cuidado
en mis salas desiertas,
hacia ti podré ir
¡Oh, Porvenir!
con tus manos abiertas.
