Cuando el arte deja de “gustar”: el problema de la reacción inmediata


En la era digital, el arte ya no solo se expone en museos o galerías. También se publica, se comparte y, sobre todo, se reacciona. Un “me gusta”, un comentario rápido o un scroll son hoy parte del ciclo de vida de muchas obras contemporáneas. Y esto ha cambiado profundamente la manera en que nos relacionamos con el arte.


El arte dentro de la lógica de la inmediatez

Las redes sociales han introducido una dinámica nueva: la necesidad de comprensión instantánea. Si una obra no se entiende en segundos, suele descartarse. Si no genera una emoción inmediata, se pierde entre el resto del contenido.

Esto no significa que el público “no entienda el arte”, sino que el formato de consumo ha cambiado. Hoy, muchas obras se evalúan bajo criterios que antes no existían: impacto visual rápido, claridad narrativa inmediata y capacidad de ser compartidas.


El arte que exige tiempo vs. el contenido que exige velocidad

El arte, históricamente, no siempre ha sido inmediato. Muchas obras necesitan contexto, silencio y repetición de mirada. Sin embargo, en el entorno digital, ese tiempo de contemplación se ha reducido drásticamente.

Aquí aparece una tensión interesante:

• El arte necesita tiempo para ser interpretado

• El entorno digital premia la reacción inmediata


En ese choque, muchas obras quedan en una zona intermedia: vistas, pero no realmente observadas.


¿Se está perdiendo la profundidad o solo cambiando la forma?

No todo es negativo. El acceso masivo al arte nunca había sido tan amplio. Hoy podemos ver museos, exposiciones y artistas de cualquier parte del mundo en segundos.

Pero la pregunta no es solo de acceso, sino de profundidad de experiencia. ¿Estamos viendo más arte que nunca, pero entendiendo menos de él?


El valor de detenerse

Quizá el problema no es la tecnología, sino el ritmo. El arte no ha dejado de ser complejo, pero nosotros hemos aprendido a consumirlo como si no lo fuera.

Volver a mirar una obra sin prisa, sin juicio inmediato y sin necesidad de validación digital puede ser, hoy, un acto casi contracultural.


El arte no compite con el algoritmo

El arte no está diseñado para ganar en velocidad. No compite con tendencias ni con formatos virales. Su fuerza está en otra parte: en lo que permanece después de la primera impresión y quizá ahí está el punto más importante: el arte no está hecho para gustar rápido, sino para quedarse más tiempo del que esperamos.

Federico García Lorca: el poeta que convirtió la emoción en tragedia universal

Federico García Lorca no es solo uno de los nombres más importantes de la literatura española del siglo XX; es también una de las voces más influyentes de la cultura hispana en su conjunto.

Su obra, atravesada por la poesía, el teatro y una sensibilidad artística profundamente visual, sigue siendo leída, interpretada y reinterpretada en escenarios de todo el mundo.

Hablar de Lorca es hablar de un creador que entendió el arte como una forma de revelar lo invisible: los deseos reprimidos, la tensión social, la belleza y la violencia que coexisten en lo cotidiano.

Nacido el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, Granada, Lorca creció en un entorno rural que marcaría gran parte de su imaginario poético. Desde joven mostró interés por la música, el dibujo y la literatura, lo que ya anticipaba una carrera artística profundamente interdisciplinaria. Estudió en la Universidad de Granada, donde comenzó a relacionarse con un círculo intelectual que sería clave en su desarrollo creativo. Más tarde, su traslado a Madrid lo pondría en contacto con la llamada Generación del 27, un grupo de escritores y artistas que renovaron la poesía española incorporando influencias de las vanguardias europeas.

Uno de los aspectos más importantes de su obra es su capacidad para transformar lo local en universal. En sus poemas y obras teatrales, Lorca parte de tradiciones andaluzas, del folclore, de la vida rural y de la cultura popular, pero las eleva a un nivel simbólico donde los conflictos humanos se vuelven atemporales. En este sentido, su escritura no se limita a describir una realidad, sino que la intensifica hasta convertirla en metáfora.

En el teatro, Lorca alcanza una madurez artística excepcional. Obras como Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936) forman lo que muchos consideran su trilogía fundamental. En ellas, el autor explora temas como el destino, la represión social, el deseo femenino y la violencia estructural dentro de la familia y la comunidad. Uno de los elementos más distintivos de su dramaturgia es la forma en que el lenguaje poético se integra en la acción teatral, creando un estilo donde lo simbólico y lo real conviven de manera constante.

Pero Lorca no fue únicamente dramaturgo. Su obra poética es igualmente fundamental para entender su legado. Libros como Romancero gitano o Poeta en Nueva York muestran dos caras distintas de su sensibilidad: una vinculada a la tradición popular y otra profundamente influenciada por su experiencia en Estados Unidos, donde observó de manera crítica la modernidad, la desigualdad y la deshumanización de las grandes ciudades. En ambos casos, su poesía mantiene una intensidad emocional que lo distingue como una de las voces más singulares de su generación.

En el plano personal, Lorca era un artista profundamente inquieto. Le interesaba la música —especialmente el piano—, el dibujo y la puesta en escena. Su relación con figuras como Salvador Dalí y Luis Buñuel durante su etapa en la Residencia de Estudiantes en Madrid fue clave para su conexión con los movimientos de vanguardia. Sin embargo, su estilo nunca se limitó a imitar corrientes artísticas, sino que desarrolló una voz propia, reconocible por su lirismo, su carga simbólica y su fuerza dramática.

Su vida fue interrumpida trágicamente en 1936, al inicio de la Guerra Civil Española, cuando fue asesinado a los 38 años. Este hecho convirtió a Lorca no solo en un referente literario, sino también en un símbolo de la pérdida cultural y de la violencia política. A pesar de su muerte prematura, su obra ha continuado creciendo en influencia y relevancia, siendo traducida a múltiples idiomas y representada en escenarios de todo el mundo.

Hoy, Federico García Lorca sigue siendo un autor imprescindible. Su capacidad para unir poesía y teatro, emoción y estructura, lo convierte en una figura única dentro de la literatura universal. Su legado no se limita a los libros o al escenario: vive en la forma en que entendemos el arte como un espacio donde lo humano se expresa en toda su complejidad.

10 libros clásicos de romance que debes leer 

El romance ha sido una de las fuerzas más poderosas en la literatura, dando vida a historias apasionadas, trágicas y oscuramente góticas. Desde amores imposibles hasta pasiones que desafían el tiempo, estos 10 libros clásicos han marcado generaciones y siguen conquistando corazones. 

1. Orgullo y Prejuicio – Jane Austen (1813) 
Un clásico ineludible de la literatura romántica. La historia de Elizabeth Bennet y el arrogante pero encantador Sr. Darcy es un baile de ingenio, orgullo y prejuicio que nos recuerda que el amor puede surgir donde menos lo esperamos. 



2. Cumbres Borrascosas – Emily Brontë (1847) 
Un romance gótico turbulento y obsesivo entre Heathcliff y Catherine. Con escenarios sombríos y un amor que roza la locura, esta novela captura la intensidad y el sufrimiento de las pasiones desenfrenadas. 

3. Jane Eyre – Charlotte Brontë (1847) 
Más que una historia de amor, esta es una novela de independencia y fortaleza. Jane, una mujer con convicciones firmes, se enfrenta a los secretos oscuros del misterioso Sr. Rochester, en una trama llena de drama y pasión contenida. 



4. Anna Karenina – León Tolstói (1877) 
Un romance trágico que explora los límites del deseo y las consecuencias del adulterio. La historia de Anna y el Conde Vronsky nos sumerge en una sociedad donde el amor puede ser un lujo prohibido. 

5. Romeo y Julieta – William Shakespeare (1597) 
El epítome del amor imposible. La tragedia de los amantes de Verona sigue siendo el símbolo de la pasión juvenil y el destino cruel que puede separar a dos almas gemelas. 



6. Los Miserables – Victor Hugo (1862) 
Aunque es una novela épica sobre justicia y redención, contiene una de las historias de amor más conmovedoras: la de Marius y Cosette, que florece en medio de la revolución y el sacrificio. 

7. El Gran Gatsby – F. Scott Fitzgerald (1925) 
Jay Gatsby lo tenía todo, excepto a la única mujer que realmente amaba: Daisy Buchanan. Una historia de amor y obsesión en los locos años 20, donde la riqueza y la nostalgia chocan con la cruel realidad. 

8. Drácula – Bram Stoker (1897) 
Sí, Drácula es una novela gótica de terror, pero su esencia está impregnada de romance oscuro. La seducción vampírica de Mina por el enigmático Conde Drácula es un reflejo del amor eterno y prohibido.

 

9. Madame Bovary – Gustave Flaubert (1857) 
Emma Bovary sueña con un amor apasionado que la saque de su vida monótona. Su búsqueda desesperada la lleva por un camino de infidelidades y desilusiones, en una de las historias más crudas sobre el deseo y la insatisfacción. 

10. Rebeca – Daphne du Maurier (1938) 
Un thriller romántico con un aire gótico irresistible. La joven esposa de Maxim de Winter lucha contra la sombra omnipresente de Rebeca, la difunta primera esposa, en una mansión llena de secretos y obsesión. 

Estos libros han resistido la prueba del tiempo porque capturan el amor en todas sus formas: apasionado, destructivo, imposible y eterno. ¿Cuál de estos clásicos es tu favorito?

Carlos Cruz-Diez: El maestro del color y el movimiento

 

Carlos Cruz-Diez es una figura icónica del arte cinético y óptico, reconocido internacionalmente por su enfoque innovador en el uso del color y su interacción con la percepción humana. A través de su prolífica carrera, transformó la manera en que entendemos el arte, demostrando que el color no es un elemento fijo, sino una experiencia dinámica que ocurre en el ojo del espectador. Este artículo explora la vida personal, los inicios, las obras más destacadas, los reconocimientos y el legado de este gran artista venezolano. 

Vida personal 

Carlos Cruz-Diez nació el 17 de agosto de 1923 en Caracas, Venezuela, en el seno de una familia humilde. Desde temprana edad, mostró interés por las artes y la creatividad, lo que lo llevó a estudiar en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, donde se graduó como maestro de artes gráficas en 1945. 

Cruz-Diez estuvo casado con Mirtha Rodríguez, con quien tuvo tres hijos: Carlos, Adriana y Jorge. Su familia siempre desempeñó un papel fundamental en su vida, acompañándolo en sus viajes y proyectos alrededor del mundo. Carlos Cruz-Diez fue un hombre que valoraba profundamente la educación, la colaboración y la innovación, valores que transmitió tanto en su vida personal como profesional. 

Inicios artísticos 

Los primeros años de Cruz-Diez como artista estuvieron marcados por su interés en el diseño gráfico y la pintura figurativa. Trabajó como ilustrador y director creativo en diversas publicaciones antes de dedicarse completamente al arte plástico. En 1947, realizó su primera exposición individual, que reflejaba un estilo influenciado por el realismo social, una corriente predominante en América Latina en esa época. 

Sin embargo, en la década de 1950, Cruz-Diez comenzó a explorar nuevas posibilidades del arte abstracto, influenciado por artistas europeos como Piet Mondrian y Kazimir Malevich. Este cambio marcó el inicio de su interés por el color como elemento autónomo, un enfoque que más tarde definiría toda su carrera. 

En 1959, Cruz-Diez realizó su primera obra completamente cinética titulada Physichromie 1, que sería el punto de partida para una de las series más importantes de su carrera. Esta obra marcó un antes y un después en su trayectoria, ya que en ella logró que el color dejara de ser un atributo del objeto para convertirse en un fenómeno inmaterial y cambiante, perceptible según la posición del espectador y la luz. 

Obras destacadas

Cruz-Diez creó un vasto repertorio de obras que redefinieron el arte contemporáneo, enfocándose siempre en la experiencia del espectador y la interacción con el color. Entre sus series más emblemáticas se encuentran: 

Physichromie: Esta serie, iniciada en 1959, es quizás su trabajo más icónico. Consiste en estructuras tridimensionales que descomponen y reorganizan el color a medida que el espectador cambia de posición. Las Physichromies ejemplifican su concepto de «color aditivo», donde la percepción cromática no está en los materiales, sino en la interacción de estos con el entorno. 

Inducción cromática: En esta serie, Cruz-Diez exploró cómo los colores pueden generar la ilusión de otros colores que no están físicamente presentes en la obra, utilizando patrones y estructuras que alteran la percepción visual. 

Transcromía: Estas instalaciones consisten en paneles de color translúcidos que permiten a los espectadores caminar entre ellos, creando experiencias inmersivas donde los colores se mezclan y cambian en tiempo real. 

Cromointerferencia: En esta serie, el artista utilizó patrones de líneas paralelas y curvas que generan efectos de movimiento y vibración visual. Estas obras suelen presentarse como murales o intervenciones arquitectónicas. 

Reconocimientos y legado

 Carlos Cruz-Diez es considerado uno de los artistas más influyentes del arte cinético y óptico, junto con figuras como Jesús Soto y Victor Vasarely. A lo largo de su carrera, recibió numerosos premios y reconocimientos internacionales, entre ellos: 

– La Orden del Mérito de Francia en grado de Comandante (2002). 
– El Premio Internacional de la Bienal de São Paulo (1977). 
– La Orden Francisco de Miranda, máxima distinción cultural de Venezuela. 
– Doctorados honoris causa de universidades en Venezuela y Europa. 

Además, sus obras forman parte de las colecciones permanentes de prestigiosas instituciones como el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York, el Centre Pompidou en París y la Tate Modern en Londres. 

Cruz-Diez también dejó una huella significativa en el ámbito educativo, fundando el Instituto de Investigación del Color en París, donde desarrolló y compartió su visión del color como una experiencia participativa y cambiante. 

Muerte y legado póstumo

Carlos Cruz-Diez falleció el 27 de julio de 2019 en París, Francia, a los 95 años. Su partida marcó el fin de una era para el arte cinético, pero su legado sigue vivo a través de sus obras y la Fundación Cruz-Diez, creada para preservar y difundir su trabajo. 

Hoy en día, su arte sigue siendo una fuente de inspiración para nuevas generaciones de artistas, diseñadores y científicos interesados en la interacción entre el color, la luz y el movimiento. A través de su visión revolucionaria, Cruz-Diez nos enseñó a ver el color como un fenómeno que trasciende lo físico, convirtiéndolo en una experiencia viva y en constante transformación. 

Cruz-Diez no solo fue un maestro del color, sino también un innovador que redefinió los límites del arte contemporáneo. Su trabajo es un recordatorio de que el arte puede transformar nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos. Al explorar su legado, celebramos no solo a un artista extraordinario, sino también a un visionario cuyo impacto perdurará por generaciones. 

Moby Dick: La gran ballena blanca que sigue fascinando



Herman Melville, un nombre que resuena en la historia de la literatura, nos legó una de las novelas más emblemáticas y complejas: Moby Dick. Publicada en 1851, esta obra trascendió las barreras del tiempo y se convirtió en un clásico atemporal.

Portada de la primera edición de la novela en 1851 (cortesía: Wikipedia)

Una sinopsis que va más allá de la caza de ballenas

La trama central de Moby Dick gira en torno a la obsesión del capitán Ahab por dar caza a una gigantesca ballena blanca, Moby Dick. Esta búsqueda, aparentemente sencilla, se transforma en una metáfora de la condición humana, explorando temas como la venganza, la obsesión, la naturaleza, la religión y el destino. Melville teje una narrativa rica en simbolismo, donde cada elemento, desde la tripulación del Pequod hasta el mismo océano, adquiere un significado profundo.

Ahab, el capitán obsesionado

Ahab no es simplemente un capitán de barco; es un hombre consumido por la venganza, una fuerza de la naturaleza en sí misma. Su obsesión por Moby Dick lo lleva a arrastrar a su tripulación a un destino trágico, reflejando la peligrosidad de dejarse llevar por pasiones destructivas.

Moby Dick, más que una ballena

La ballena blanca es un símbolo complejo que ha sido interpretado de diversas maneras. Algunos la ven como una representación del mal, otros como una fuerza de la naturaleza indómita, y otros más como una metáfora de Dios.

Tráiler In the Heart of the Sea, con Chris Hemsworth (2015)

El mar como personaje

El mar en Moby Dick es mucho más que un simple escenario. Es un personaje en sí mismo, un ente poderoso y misterioso que engulle a los hombres y sus sueños.

Datos curiosos y relevantes

Inspiración real: Melville se basó en sus propias experiencias como marinero en un barco ballenero para crear el mundo realista de Moby Dick.

Un fracaso comercial inicial: Irónicamente, Moby Dick no fue un éxito comercial en su época. Sin embargo, con el tiempo se ha convertido en una de las obras más estudiadas y admiradas de la literatura estadounidense.

Producción independiente de Moby Dick

Adaptaciones cinematográficas: La historia de Moby Dick ha cautivado a cineastas de distintas épocas. Entre las adaptaciones más destacadas se encuentran la versión de John Huston en 1956, protagonizada por Gregory Peck, y la de Ron Howard en 2015, interpretada por Chris Hemsworth.

Moby Dick: Un legado que perdura

Moby Dick es mucho más que una simple novela de aventuras. Es una obra que invita a la reflexión, que nos cuestiona sobre nuestra propia naturaleza y nuestro lugar en el mundo. Su legado se extiende más allá de la literatura, influyendo en diversas disciplinas como la filosofía, la psicología y las artes visuales.

Arte urbano: Una expresión de la cultura popular

Mina Hamada (Japón)

El arte urbano, también conocido como street art, ha trascendido las paredes de las galerías tradicionales para convertirse en una poderosa voz de las calles. Esta forma de expresión artística, que abarca desde el graffiti hasta las instalaciones más complejas, ha evolucionado de ser considerada vandalismo a ser reconocida como una forma legítima de arte y un reflejo de la cultura popular.

Los orígenes del arte urbano

Las raíces del arte urbano se remontan a las antiguas civilizaciones, donde las inscripciones y los símbolos decoraban las paredes de las ciudades. Sin embargo, fue en el siglo XX, con el movimiento hip-hop, que el graffiti se popularizó y se convirtió en un símbolo de identidad y resistencia en los barrios marginados. Artistas como Banksy, Shepard Fairey y Blek le Rat se convirtieron en figuras icónicas, desafiando las convenciones y llevando el arte urbano a un nuevo nivel de reconocimiento.

El arte urbano como espejo de la sociedad

El arte urbano es mucho más que una simple decoración de las calles. Es un reflejo de los tiempos que vivimos, de las luchas sociales, de las aspiraciones y de las inquietudes de la gente. A través de sus obras, los artistas urbanos expresan su visión del mundo, cuestionan el status quo y crean diálogos visuales con la sociedad. Temas como la desigualdad, la globalización, la identidad y el medio ambiente son recurrentes en el arte urbano, convirtiéndolo en una herramienta poderosa para generar conciencia y promover el cambio social.

Blek le Rat (Francia)

El impacto social del arte urbano

El arte urbano ha tenido un impacto significativo en las ciudades. Al transformar espacios urbanos en galerías al aire libre, el street art revitaliza barrios, atrae a turistas y fomenta el desarrollo cultural. Además, el arte urbano puede contribuir a la cohesión social al crear un sentido de comunidad y pertenencia. Muchos artistas urbanos colaboran con las comunidades locales para desarrollar proyectos que mejoren la calidad de vida y embellezcan los espacios públicos.

Diferentes formas de arte urbano

El arte urbano abarca una amplia variedad de técnicas y estilos. Además del graffiti, existen otras formas de expresión artística que se desarrollan en el espacio público, como:

* Stencil art: Consiste en crear plantillas con diseños y rociar pintura a través de ellas.

* Paste-up: Se utilizan carteles o afiches que se pegan en las paredes.

* Instalaciones: Obras de arte tridimensionales que se integran en el entorno urbano.

* Mosaicos: Creación de imágenes a partir de pequeños fragmentos de materiales como cerámica o vidrio. Está de moda la creación de obras a partir de materiales reciclados como tapas plásticas, envolturas de dulces, entre otros.

Artistas urbanos famosos y sus obras

Existen numerosos artistas urbanos talentosos que han dejado su huella en las ciudades de todo el mundo. Algunos de los más destacados incluyen:

* Banksy: Anónimo artista británico conocido por sus obras satíricas y políticamente comprometidas.

* Shepard Fairey: Creador del icónico póster de Obama «Hope».

* Blek le Rat: Considerado uno de los pioneros del graffiti.

* Obey: Artista estadounidense conocido por sus obras con el personaje «Andre the Giant».

* Invader: Artista francés que invade las ciudades con sus mosaicos de Space Invaders.

Banksy (Inglaterra)

Artistas venezolanos y su aporte

Venezuela tiene una escena de arte urbano vibrante y talentosa, con artistas que han dejado su huella tanto a nivel nacional como internacional.

* César Rengifo: Aunque falleció en 1980, César Rengifo es considerado uno de los padres del muralismo en Venezuela. Su obra se caracterizó por un profundo compromiso social y una representación realista de la vida popular. Sus murales, muchos de ellos ubicados en espacios públicos, son verdaderos monumentos a la historia y la cultura venezolana.

* Carlos Cruz-Diez: Pionero del arte cinético y óptico, aunque su obra trasciende el ámbito estrictamente urbano.

* Wolfgang Salazar (Badsura): Sus creaciones reflejan la identidad nacional, como las arepas, expresiones culturales como los Diablos de Yare y destacan personajes como Simón Díaz, Oscar D’León y José Gregorio Hernández.

* Victor Forastero: En sus murales muestra detalles propios de la sociedad venezolana y su idiosincrasia.

* Oscar Olivares: Este artista zuliano se ha encargado de llenar de color los muros de diversos sectores de Maracaibo y Santa Bárbara, a través de creaciones realizadas con tapas, fomentando el reciclaje y mostrando con orgullo iconos de la región.

Oscar Olivares (Venezuela)

El arte urbano y la ley

A pesar de su creciente popularidad, el arte urbano sigue siendo una actividad ilegal en muchos lugares. La línea entre el arte y el vandalismo es a menudo difusa, y las autoridades suelen perseguir a los artistas urbanos. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio de actitud, y muchas ciudades han comenzado a legalizar ciertas formas de arte urbano y a crear espacios destinados a esta expresión artística.

El futuro del arte urbano

El arte urbano está en constante evolución, y es difícil predecir hacia dónde se dirigirá en el futuro. Lo que sí es seguro es que seguirá siendo una forma de expresión artística vibrante y dinámica, capaz de desafiar las convenciones y conectar con las personas a un nivel profundo.

Descubrimiento ancestral: Petroglifos y pictogramas revelan una cultura milenaria en Canaima

En el corazón del majestuoso Parque Nacional Canaima, en Venezuela, un equipo de arqueólogos ha realizado un descubrimiento que reescribe la historia de la región: petroglifos y pictogramas de hasta 7.000 años de antigüedad. Estos hallazgos inéditos nos abren una ventana a una cultura desconocida que habitó la Gran Sabana venezolana hace miles de años.

Un viaje al pasado en las rocas

Las imponentes formaciones rocosas del Parque Canaima guardaban un tesoro escondido: figuras geométricas, líneas de puntos, símbolos y patrones grabados en las piedras. Estos petroglifos y pictogramas, algunos con pigmentos aún visibles, narran historias y revelan las creencias y prácticas de una civilización que floreció en la región hace miles de años.

Evidencias de una cultura sofisticada

Junto a los petroglifos y pictogramas, se han encontrado vestigios líticos y cerámicos que complementan la narrativa de esta cultura ancestral. Herramientas de piedra tallada, vasijas y fragmentos de cerámica cuidadosamente elaborados dan fe de una sociedad organizada y con un alto grado de desarrollo tecnológico y artístico.

Un hito en la arqueología venezolana

Este descubrimiento sin precedentes es un hito en la arqueología venezolana. Se estima que estos petroglifos y pictogramas podrían ser los más antiguos encontrados en el país, lo que significa que reescribimos la historia de la región y ampliamos nuestro conocimiento sobre las culturas que habitaron la Gran Sabana.

Canaima: Un posible centro cultural

La abundancia y complejidad de los petroglifos y pictogramas hallados en Canaima sugieren que este lugar pudo ser un centro cultural y religioso de gran importancia para la civilización ancestral. Las imponentes cascadas, los tepuyes y la exuberante naturaleza del parque habrían tenido un profundo significado simbólico para esta cultura.

Un futuro prometedor para la investigación

El descubrimiento abre un sinfín de posibilidades para la investigación arqueológica en la región. Se espera que en el futuro se realicen excavaciones y análisis en profundidad que permitan comprender mejor la cultura que creó estos petroglifos y pictogramas. Además, se busca declarar la zona del hallazgo como patrimonio nacional para protegerla y garantizar su conservación para las generaciones futuras.

Un llamado a la acción

Este descubrimiento es un recordatorio de la invaluable riqueza cultural que alberga nuestro país. Es fundamental que se inviertan recursos en la investigación arqueológica para seguir desvelando los misterios de nuestro pasado y preservar nuestro patrimonio cultural para las generaciones venideras. Canaima, con sus imponentes tepuyes y ahora sus milenarios petroglifos, se consolida como un lugar de gran importancia no solo por su belleza natural, sino también por su valor histórico y cultural.

Amatista

En la tristeza se sumerge
mi alma llena de penas,
en la noche me cobijo,
y las lágrimas son mi condena
El dolor es un vacío,
un abismo que me invade,
la tristeza es un demonio,
que mi corazón abre
En medio de la oscuridad,
un destello me guía,
como amatista en mi soledad,
que me alumbra cada día
Este cristal brillante,
me demuestra que las amarguras,
son solo momentos distantes
que pronto serán fortaleza
Y así mi corazón se purifica,
encuentra la claridad del día,
salvándome de la turbulencia
alegrando mi alma de sus pesares
Por D. Vera.

Cavernas

Ella suspira. Su mano sostiene su pesada cabeza, llena de pensamientos inútiles, justo como el que ahora destruye su precaria calma.

Para ella, el mundo es cada vez más pequeño. Todo es cercano, pero las personas viven a miles de opiniones de distancia. Todos clonados, todos iguales, pero aún quedan los seres libres que mantienen sus motivaciones vivas.

Los demás son solo nuevos cavernarios. Envueltos en colores van, indefinidos, iracundos, odiando a todo aquel que piense fuera del molde. Desde sus cuevas oscuras son expertos en condenar.

En aquella era en la que ella vive, los falsos profetas gritan en los templos sus verdades, que no son más que mentiras aceptadas por la prole, y eso las convierte en realidades paralelas al coherente modo de proceder.

La música, las frutas, los seres de este mundo y del siguiente deben ser escogidos por las masas. Si ella abre la boca para negarse a tragar la comida regurgitada, desprenderán sus miembros y los tirarán al fuego.

Porque son ellos, los seres de las cavernas de concreto, los que deciden el destino de la raza, sin contar con que ellos mismos son esclavos de sus absurdas creencias y de sus mohosos criterios.

Mientras tanto… Ella piensa y guarda sus palabras en el silencio de sus letras de plata.

21-07-21