10 libros clásicos de romance que debes leer 

El romance ha sido una de las fuerzas más poderosas en la literatura, dando vida a historias apasionadas, trágicas y oscuramente góticas. Desde amores imposibles hasta pasiones que desafían el tiempo, estos 10 libros clásicos han marcado generaciones y siguen conquistando corazones. 

1. Orgullo y Prejuicio – Jane Austen (1813) 
Un clásico ineludible de la literatura romántica. La historia de Elizabeth Bennet y el arrogante pero encantador Sr. Darcy es un baile de ingenio, orgullo y prejuicio que nos recuerda que el amor puede surgir donde menos lo esperamos. 



2. Cumbres Borrascosas – Emily Brontë (1847) 
Un romance gótico turbulento y obsesivo entre Heathcliff y Catherine. Con escenarios sombríos y un amor que roza la locura, esta novela captura la intensidad y el sufrimiento de las pasiones desenfrenadas. 

3. Jane Eyre – Charlotte Brontë (1847) 
Más que una historia de amor, esta es una novela de independencia y fortaleza. Jane, una mujer con convicciones firmes, se enfrenta a los secretos oscuros del misterioso Sr. Rochester, en una trama llena de drama y pasión contenida. 



4. Anna Karenina – León Tolstói (1877) 
Un romance trágico que explora los límites del deseo y las consecuencias del adulterio. La historia de Anna y el Conde Vronsky nos sumerge en una sociedad donde el amor puede ser un lujo prohibido. 

5. Romeo y Julieta – William Shakespeare (1597) 
El epítome del amor imposible. La tragedia de los amantes de Verona sigue siendo el símbolo de la pasión juvenil y el destino cruel que puede separar a dos almas gemelas. 



6. Los Miserables – Victor Hugo (1862) 
Aunque es una novela épica sobre justicia y redención, contiene una de las historias de amor más conmovedoras: la de Marius y Cosette, que florece en medio de la revolución y el sacrificio. 

7. El Gran Gatsby – F. Scott Fitzgerald (1925) 
Jay Gatsby lo tenía todo, excepto a la única mujer que realmente amaba: Daisy Buchanan. Una historia de amor y obsesión en los locos años 20, donde la riqueza y la nostalgia chocan con la cruel realidad. 

8. Drácula – Bram Stoker (1897) 
Sí, Drácula es una novela gótica de terror, pero su esencia está impregnada de romance oscuro. La seducción vampírica de Mina por el enigmático Conde Drácula es un reflejo del amor eterno y prohibido.

 

9. Madame Bovary – Gustave Flaubert (1857) 
Emma Bovary sueña con un amor apasionado que la saque de su vida monótona. Su búsqueda desesperada la lleva por un camino de infidelidades y desilusiones, en una de las historias más crudas sobre el deseo y la insatisfacción. 

10. Rebeca – Daphne du Maurier (1938) 
Un thriller romántico con un aire gótico irresistible. La joven esposa de Maxim de Winter lucha contra la sombra omnipresente de Rebeca, la difunta primera esposa, en una mansión llena de secretos y obsesión. 

Estos libros han resistido la prueba del tiempo porque capturan el amor en todas sus formas: apasionado, destructivo, imposible y eterno. ¿Cuál de estos clásicos es tu favorito?

La triste historia de su sonrisa desfigurada

Por: Dr. Oneiver Arandia.

Mientras desmembra las tripas emocionales de uno, sonríe a otro y se encarga de controlar el flujo de la historia. Parecía una tarea simple; su mirada inocente lo pintaba todo como un simple error. Desperté de esa ilusa sensación y fue entonces que la sangre fluía por los jardines, la de un muerto, en los jardines de los muertos. Su rostro sonriente y desfigurado, sus labios de falsa porcelana y en la mano, otro rostro desfigurado, este, por otra parte, estaba llorando en sus arrepentimientos.

El otro se fue, pero sé que volverá por más –dijo en tono burlesco, tal vez por la imagen que presentaba, toda ensangrentada, o porque conocía la cantidad de veces que la escuché decir eso. –Tú sabes muy bien a lo que me refiero, solo espero que cuando olvide lo sincera que soy contigo, tú también lo hayas hecho y me sigas el juego.
-No entiendo –dije incrédulo, mirando el rostro ensangrentado y deformado que tenía en sus manos. – ¿Por qué las flores tienen que mancharse de sangre que no querías derramar? ¿No ves que este es tu jardín, el cual siempre dices que odias verlo destruido? –Una sonrisa hermosa y malévola se apoderó de su rostro.

Me levanté de mi puesto, me acerqué y miré fijamente su sonrisa. Me miraba como a una de sus caras desfiguradas, pero me abrazó como si nunca se atreviera a tocarme.
-Entiende mis palabras, sé que no tienen sentido, pero te conozco y podrás darle sentido dentro de ti, aunque tenga que pagar un poco de tu desprecio, al final no puedes separarte de tu proeza de gran sabio, cuán amena acción, todo un buen samaritano… –dijo muy seria, sin modificar su expresión. –Te quiero, tal vez no tanto como tú a mí, tal vez te esté mintiendo, pero te juro que jamás te mentiría como cuando te juré fidelidad.

Entendí que debía huir, no para salvarme, sino para salvar la pureza que aún quedaba en su alma, aunque esté arriesgando un rostro confundido, invadido por la confianza de ser un héroe. Ese rostro se despertó muy iluso, me miraba fijamente y decía repetidas veces “Lo siento, yo puedo con esto” con doble significado, pues las primeras palabras las pronunciaba en un tono deprimente y tétrico que se transformaba en una voz firme y confiada.

Lo miré condescendiente y le suavicé mis palabras. –Te entiendo perfectamente, no confío en que puedas, pero espero que lo hagas, pues ya conozco tu destino. –Entonces me di cuenta que mi sonrisa estaba desfigurada, como si miles de sensaciones se encontraran en ella. Tal vez por las miles de veces que había visto la misma expresión en el mismo rostro. Me escapé de esa escena, pensando en las flores del jardín que se pintaban de rojo sangre y grité por mi libertad.

¿Perdido en el cosmos? 3 novelas de ciencia ficción para despegar tu imaginación


¿Siempre has soñado con viajar a mundos lejanos, explorar galaxias desconocidas y conocer civilizaciones alienígenas? La ciencia ficción es tu puerta de entrada a universos infinitos donde todo es posible. Si eres nuevo en este género o buscas nuevas aventuras para añadir a tu lista de lecturas, ¡estas tres novelas son el punto de partida perfecto!

El padre de la ciencia ficción

Antes de sumergirnos en las recomendaciones, hablemos de los orígenes. Aunque el género ha evolucionado mucho desde entonces, se considera a Jules Verne como uno de los padres de la ciencia ficción. Con novelas como «Veinte mil leguas de viaje submarino» y «Viaje al centro de la Tierra», Verne anticipó muchas de las tecnologías y exploraciones que hoy son realidad.

Jules Gabriel Verne (Francia, 1828-1905)

3 Novelas Esenciales para Iniciarte

1. 2001: Una odisea del espacio de Arthur C. Clarke (1968)

Portada del libro «Una Odisea Espacial» (Arthur C.  Clarke)

¿Robots pensantes, viajes interestelares y misterios cósmicos? ¡Prepárate para un viaje alucinante! Clarke nos lleva a un encuentro épico entre la humanidad y una inteligencia artificial superior, planteando preguntas sobre nuestro lugar en el universo.

Esta novela se ha convertido en un clásico atemporal que combina ciencia dura con una trama emocionante y personajes inolvidables, perfecta para los amantes de la ciencia ficción clásica y aquellos que buscan una historia que los haga reflexionar.

2. Dune de Frank Herbert (1965)

Portada de «Dune» (Frank Herbert)

Sumérgete en un mundo desértico y hostil donde el control de una especia valiosa da poder a los más fuertes. Herbert crea un universo complejo y fascinante, lleno de intrigas políticas, batallas épicas y una profunda reflexión sobre la ecología y la religión.

Dune es una obra maestra de la ciencia ficción que te mantendrá enganchado desde la primera página hasta la última, ideal para los fans de las sagas épicas y aquellos que disfrutan de historias con personajes carismáticos y mundos bien construidos.

3. Neuromante de William Gibson (1984)

Portada «Neuromante» (William Gibson)

¡Bienvenido al ciberpunk! Gibson nos transporta a un futuro distópico donde la tecnología ha cambiado radicalmente la sociedad. Hackers, corporaciones poderosas y realidades virtuales se entrelazan en una trama oscura y emocionante.

Neuromante es una novela pionera que sentó las bases del cyberpunk y sigue siendo una lectura imprescindible para cualquier fan del género, perfecta para aquellos que buscan una historia futurista, llena de acción y con una fuerte dosis de tecnología.

¿Por qué estas tres novelas?

Estas obras son consideradas clásicos de la ciencia ficción por varias razones:

* Influencia: Han inspirado a generaciones de escritores y han moldeado el género.

* Accesibilidad: Aunque son complejas, están escritas de manera que pueden ser disfrutadas por cualquier lector.

* Diversidad: Cada una ofrece una visión diferente del futuro y explora temas universales como la tecnología, el poder, la religión y la condición humana.

Adaptación cinematográfica de «Dune» (2021)

¡Despega tu imaginación!

La ciencia ficción es un género tan amplio como el universo mismo. Estas tres novelas son solo el comienzo de un viaje de aventuras y descubrimientos.

¡No te quedes con las ganas de explorar más! Comparte tus novelas de ciencia ficción favoritas en los comentarios y únete a nuestra comunidad de lectores.

Los 10 artistas latinoamericanos más influyentes del siglo XX: pintura, literatura y música


El siglo XX fue testigo de una explosión creativa en América Latina, dando lugar a una diversidad de movimientos artísticos, literarios y musicales que han dejado una huella indeleble en la historia cultural mundial. A través de sus obras, estos artistas no solo expresaron su realidad social y cultural, sino que también desafiaron convenciones y abrieron nuevos caminos para la expresión artística.

En este artículo, analizaremos a los 10 artistas latinoamericanos más influyentes de la época, considerando su impacto en el panorama cultural internacional y su legado perdurable.


1. Gabriel García Márquez (Colombia, 1927-2014)

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez es considerado uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo XX. Su obra maestra, «Cien años de soledad», se ha convertido en un clásico de la literatura universal, explorando temas como el amor, la muerte, la familia y la historia de Colombia. García Márquez fue pionero del realismo mágico, un género literario que combina elementos fantásticos con la realidad cotidiana.

Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1982.

Obras destacadas: «Cien años de soledad», «El amor en los tiempos del cólera», «El otoño del patriarca».


2. Frida Kahlo (México, 1907-1954)

Frida Kahlo

Frida Kahlo es posiblemente la artista latinoamericana más reconocida a nivel global. Su obra, marcada por un intenso autoanálisis y una fuerte identidad mexicana, ha inspirado a generaciones de artistas y se ha convertido en un símbolo de empoderamiento femenino. A través de sus vibrantes pinturas, Kahlo exploró temas como la identidad, el dolor, la sexualidad y la política.

Frida sufrió un grave accidente a los 18 años que la marcaría física y emocionalmente, convirtiéndose en una fuente inagotable de inspiración para su obra.

Entre sus obras destacadas están: «Las dos Fridas», «El marco» y «Henry Ford Hospital».


3. Carlos Gardel (Argentina, 1890-1935)

Carlos Gardel

Carlos Gardel fue un cantante y compositor uruguayo-argentino considerado el máximo exponente del tango. Su voz suave y sensual, junto a su habilidad para componer canciones románticas y apasionadas, lo convirtieron en una figura legendaria de la música popular latinoamericana. Gardel falleció en un accidente aéreo a la edad de 44 años.

Sus canciones más destacadas: «Por una cabeza», «Volver» y «Mi Buenos Aires querido».


4. Pablo Neruda (Chile, 1904-1973)

Pablo Neruda

Pablo Neruda es uno de los poetas más importantes del siglo XX. Su obra, marcada por su compromiso político y social, abordó temas como el amor, la naturaleza, la muerte y la revolución. Neruda fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1971.

Fue un destacado político chileno y embajador en varios países.

Se le reconoce por obras como: «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», «Canto general» y «Odas elementales».


5. Diego Rivera (México, 1886-1957)

Diego Rivera

Diego Rivera, esposo de Frida Kahlo, fue un muralista mexicano cuyas obras monumentales decoraron edificios públicos y privados en todo el país. Su estilo realista y su compromiso con las causas sociales lo convirtieron en una figura clave del movimiento muralista mexicano. Rivera utilizó sus murales para narrar la historia de México, celebrando la cultura indígena y criticando las desigualdades sociales.

Fue comisionado por Nelson Rockefeller para pintar un mural en el Rockefeller Center de Nueva York, pero la obra fue destruida debido a su contenido político.

Algunas de sus obras destacadas: «Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central», «El hombre controlador del universo» y «Detroit Industry Murals».


6. Simón Díaz (Venezuela, 1928-2014)

Simón Díaz

Simón Díaz, conocido cariñosamente como «El Tío Simón», fue un destacado cantautor venezolano cuyas canciones populares cautivaron a Latinoamérica. Nacido en San Juan de los Morros en 1928, Díaz comenzó su carrera musical en la década de 1940 y rápidamente se convirtió en una figura emblemática de la música venezolana. Su estilo musical, una mezcla de géneros tradicionales como el joropo, el vals y el merengue, reflejaba la belleza y la diversidad de su país natal.

A lo largo de su prolífica carrera, Simón Díaz compuso e interpretó numerosas canciones que se convirtieron en clásicos latinoamericanos. Entre sus obras más destacadas se encuentran «Tonada de Luna Llena», «El Llano es así», «Caballo Viejo» y «El Pajarito». Sus letras, llenas de poesía y nostalgia, retrataban la vida rural venezolana, sus paisajes y su gente. Sus composiciones han sido interpretadas por grandes de la música académica, además de famosos cantantes internacionales de la talla de Plácido Domingo.


7. Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges fue uno de los escritores más importantes de la literatura argentina y latinoamericana. Su obra, marcada por su erudición y su interés por la filosofía, la literatura y la mitología, exploró temas como la identidad, el tiempo, la realidad y la ficción. Borges fue nominado al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones.

Perdió la vista a una edad temprana, lo que lo llevó a desarrollar una memoria prodigiosa.

Obras como «El Aleph», «Ficciones», «El libro de arena» quedarán para la historia de la literatura universal.


8. Milton Nascimento (Brasil, 1942-)

Milton Nascimento

Milton Nascimento es uno de los músicos más importantes de Brasil. Su estilo único, que combina elementos de la música popular brasileña con influencias jazzísticas y clásicas, lo ha convertido en una figura internacionalmente reconocida. Nascimento ha compuesto y cantado numerosas canciones emblemáticas de la música brasileña.

Ha colaborado con artistas de todo el mundo, incluyendo Miles Davis, Herbie Hancock y Sting, con temas como «Clube da esquina», «Travessia», «Ponta de Areia».


9. Violeta Parra (Chile, 1917-1967)

Violeta Parra

Violeta Parra fue una cantautora chilena que revolucionó la música popular de su país. Sus canciones, llenas de poesía y compromiso social, abordaron temas como el amor, la naturaleza, la injusticia y la lucha por los derechos de los campesinos. Parra también fue una destacada pintora y tejedora. Fundó el Instituto de Investigaciones Folklóricas de Chile.

Será recordada, principalmente, por temas como: «Gracias a la vida», «Volver a los 17», «Run run se fue».


10. Carlos Fuentes (México, 1928-2012)

Carlos Fuentes

Carlos Fuentes fue uno de los escritores más importantes de la literatura mexicana y latinoamericana. Su obra, marcada por su erudición y su interés por la historia y la política, exploró temas como la identidad, la violencia y la corrupción. Fuentes fue galardonado con el Premio Cervantes en 1994. Fue embajador de México en Francia y Estados Unidos. Se le recuerda por novelas como «La muerte de Artemio Cruz», «Aura», «Gringo Viejo».


Los artistas latinoamericanos mencionados en este artículo han dejado una huella indeleble en la historia del arte, la literatura y la música. A través de sus obras, han desafiado convenciones, explorado nuevas formas de expresión y dado voz a las experiencias y las luchas de sus pueblos. Su legado continúa inspirando a artistas y espectadores de todo el mundo, demostrando la riqueza y la diversidad de la cultura latinoamericana.

NaNoWriMo en el 2024: ¿La IA será tu nuevo coautor?

Cortesía Freepik

En un mundo cada vez más conectado y turbulento, sentarse a escribir una novela en un mes puede parecer una tarea titánica. Aunado a esto, escribir es un viaje de autodescubrimiento, una forma de arte que nos lleva a explorar los lados más oscuros de nuestra mente y a expandir los límites de nuestra imaginación. Al escribir, sacamos a la luz facetas ocultas de nosotros mismos, un proceso que nos transforma y enriquece, al igual que a nuestras historias.

Por lo mismo, escribir requiere de mucha disciplina y saber enfrentar y superar aquellos mecanismos que suelen ponernos trabas, como la procrastinación y las dudas sobre nuestra creatividad. Es una batalla constante contra el miedo al fracaso y la búsqueda incansable de la voz propia.

Si bien la escritura es una experiencia enriquecedora y única, requiere de disciplina. Enfrentarnos a las páginas en blanco día tras día, a las frases repetidas y a los bloqueos creativos requiere de resiliencia y adaptación. Sin embargo, también nos lleva a aprender sobre nuestras debilidades, descubriendo así un potencial creativo que quizás desconocíamos.

La creatividad solo la puede nutrir y expandir. No es posible copiarla, la creatividad es única de cada individuo porque se alimenta de los sueños, creencias y vivencias de cada escritor.

Y ahora se acerca noviembre.

Logo NaNoWriMo

Es por esto que muchos autores se apoyan en eventos anuales como el NaNoWrimo, el cual  invita a escribir una novela de 50.000 palabras en un solo mes, noviembre.

Con NaNoWrimo, (o en inglés: National Novel Writing Month), un escritor puede establecer un objetivo que quizá no sería capaz de alcanzar en días normales, cuando no tienen la presión de una fecha límite o entrega.

Al establecer un objetivo ambicioso como escribir 50.000 palabras en un mes, los participantes se ven motivados a desarrollar una disciplina de escritura regular. También pueden disfrutar el proceso de escribir con la conciencia de que verán el resultado final en un futuro muy cercano.

Aún mejor, es la posibilidad de conectar con una comunidad global de escritores, lo que muchas veces es una fuente de inspiración y motivación invaluable.
El dicho ‘la práctica hace al maestro’ cobra vida durante el NaNoWrimo. Sin embargo, este año parece venir con controversias.

Y es que la organización hizo recientemente una publicación que, si bien fue editada el pasado seis de septiembre, decía expresamente que la misma “no apoya explícitamente ningún enfoque específico de la escritura, ni condena explícitamente ningún enfoque, incluido el uso de la IA.”

¿Qué significa para los escritores?

¿Te animarías a escribir una novela de 50.000 palabras en un mes?

En otras palabras, se trata de una postura neutral. Sin embargo, en su misma publicación, más adelante, afirmaban que condenar el uso de la IA sería “ignorar las cuestiones clasistas y capacitistas que rodean el uso de la tecnología”.

Aquí es donde surge la principal discordia entre los autores y la razón por la que la organización fue fuertemente criticada Si bien el uso de la tecnología es una decisión individual, si es posible en un evento como este, pedirle al Chat GPt o a cualquier otro sistema, que desarrolle una escena a partir de una idea, ¿Dónde queda el reto que puede ayudar a escritores a crear su novela?

Si un sistema puede escribir en dos minutos, quinientas o mil palabras que ha tomado de otras obras en internet, ¿Dónde queda la posibilidad de desarrollar la creatividad?

Si el uso de la tecnología permite completar un reto en dos o tres días, ¿Cuál es el propósito de NaNoWrimo entonces? Al tomar una posición neutral con respecto al uso de la IA, la organización eliminó por completo el reto que presenta NanoWrimo para los escritores.

Ahora bien, ¿Es acertado etiquetar de «clasista» o «capacitista» a quienes cuestionan el uso de herramientas de IA como Chat GPT en la literatura?

NaNoWriMo es una organización de 25 años de antigüedad con personal que lleva mucho tiempo en la comunidad de escritores. Sin embargo, ante la presión ejercida por las críticas, procedieron a rectificar su publicación inicial, la cual ahora establece:

“NaNoWriMo no apoya ni condena explícitamente ningún enfoque de la escritura, incluido el uso de herramientas que aprovechan la IA. Reconocemos que se ha hecho daño a la escritura y a las comunidades creativas a manos de malos actores en el espacio de la IA generativa, y que las cuestiones éticas y los riesgos planteados por algunos aspectos de esta tecnología son reales.

El hecho de que la IA sea una categoría tecnológica amplia y compleja (que engloba tanto la IA no generativa como la generativa, aplicada de diversas formas a diversos usos) contribuye a nuestra creencia de que la IA es simplemente demasiado grande y variada como para apoyar o condenarla categóricamente.”

El uso de la inteligencia artificial se ha extendido a la literatura contemporánea

En una carta a su comunidad agregaron que  “adoptar una postura de neutralidad no significaba abandonar las legítimas preocupaciones de los escritores sobre la IA. Fue un reconocimiento de que NaNoWriMo no puede mantener una comunidad civilizada e inclusiva si permitimos la intolerancia selectiva. Creemos absolutamente que la IA debe ser discutida y que su uso ético debe ser defendido.”

La organización también admitió haber cometido errores en  su “expresión inicial de esta posición,” y “simplificaron su lenguaje” a uno que reflejase mejor su postura fundamental.

Cabe destacar que retractaron su afirmación, mencionando que no creen que “las personas preocupadas por la IA sean clasistas o capacitistas.” Sin embargo, lo cierto es que, tanto en el comunicado como en la carta a la comunidad, la organización mantiene su posición neutral, explicando que NanoWrimo “no debería estar a la vanguardia de esta conversación.”

Siendo una de las organizaciones que impulsan la escritura creativa, ésta posición deja mucho que desear.

En última instancia, la decisión de cómo aprovechar las herramientas tecnológicas en la escritura es personal.

Sin embargo, es fundamental recordar que la verdadera maestría en la escritura se logra con la práctica constante. No hay atajos ni fórmulas mágicas. La tecnología puede ser una herramienta valiosa, pero solo el escritor, con su creatividad y conocimiento, puede transformar las palabras en arte. Ningún sistema de inteligencia artificial puede reemplazar la originalidad y la profundidad que solo un ser humano puede aportar.

Rómulo Gallegos: El Novelista y Político que Plasmó la Identidad Venezolana


Rómulo Gallegos Freire, nacido en Caracas el 2 de agosto de 1884, fue un escritor y político venezolano que se consolidó como una de las figuras más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Su obra, impregnada de un profundo realismo social y psicológico, exploró la idiosincrasia del llanero venezolano, el enfrentamiento entre tradición y modernidad, y la lucha por la justicia social en un país marcado por las desigualdades.

Vida y juventud

Gallegos creció en el seno de una familia humilde en Caracas, donde desde temprana edad se sintió atraído por la escritura y la política. Cursó estudios de Filosofía, Literatura y Matemáticas en la Universidad Central de Venezuela, donde también se inició en la actividad docente.

La faceta literaria

Obras de Rómulo Gallegos

En 1914, publicó su primera novela, «Reinaldo», una obra que lo consagró como escritor y marcó el inicio de una prolífica carrera literaria. A lo largo de su trayectoria, Gallegos escribió novelas, cuentos y ensayos, destacando entre sus obras más reconocidas:

* «Doña Bárbara» (1929): Una novela épica que narra la lucha entre civilización y barbarie en la Venezuela llanera, con Doña Bárbara como símbolo de la fuerza destructiva y Santos Luzardo como representante del progreso y la justicia social.

* «Canaima» (1935): Una novela que explora la belleza salvaje de la selva amazónica y la vida de los indígenas pemones, resaltando sus valores ancestrales y su lucha por preservar su territorio.

* «Los hermanos secuestrados» (1954): Una novela que retrata la realidad política de Venezuela durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, a través de la historia de dos hermanos que se enfrentan a la represión y la injusticia.

* «La rebelión de los ángeles» (1936): Una novela que profundiza en la psicología humana y las relaciones de poder, utilizando como escenario una escuela en Caracas.

La faceta política

La vida de Rómulo Gallegos estuvo marcada por su activismo político. Desde su juventud, militó en contra de las dictaduras y a favor de la democracia en Venezuela. En 1936, fue nombrado Ministro de Educación por el gobierno de López Contreras, cargo que ocupó brevemente debido a sus ideas progresistas y su oposición al régimen.

En 1947, Gallegos fue elegido presidente de Venezuela, pero su mandato fue interrumpido abruptamente por un golpe de estado militar en 1948. Tras el golpe, se vio obligado a exiliarse durante nueve años, principalmente en México. Durante su exilio, continuó escribiendo y denunciando la dictadura venezolana.

Retorno y fallecimiento

Gallegos regresó a Venezuela en 1958, tras la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. Se dedicó a la escritura y a la vida pública, siendo electo senador en 1961. Falleció en Caracas el 5 de abril de 1969, dejando un legado cultural y político invaluable para Venezuela y América Latina.

Rómulo Gallegos fue un hombre excepcional que supo combinar con maestría su pasión por la literatura con su compromiso social y político. Su obra literaria, profunda y trascendente, lo convirtió en uno de los pilares fundamentales de la narrativa hispanoamericana del siglo XX.

Su legado político, aunque truncado por las dictaduras, lo recuerda como un defensor incansable de la democracia, la justicia social y la libertad. Gallegos nos dejó una obra maestra que nos invita a reflexionar sobre la identidad venezolana, la lucha por la justicia y la importancia de la cultura como herramienta de transformación social.

Rafael Cadenas, primer venezolano en recibir el Premio Cervantes

Foto cortesía de Google

Venezuela se llena de orgullo con noticias tan importantes como esta y es que se trata del escritor venezolano, #RafaelCadenas, quien recibió ayer 24 de abril de 2023, el #PremioCervantes, siendo el primero de esta nacionalidad.

La ceremonia de entrega se dio en la Universidad Alcalá de Henares, junto al ministro de Cultura Migue Iceta, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, y los reyes de España, Felipe VI y Letizia Ortiz.

Este galardón es el más importante de las letras hispanas; sin embargo, el poeta, ensayista y profesor venezolano de 93 años, ha ganado el Premio Nacional de la Literatura Venezolana, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, entre muchos otros.

Este premio, que se entrega desde 1976, honró a otras figuras como Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela o Carlos Fuentes. Y ahora tenemos el orgullo de incluir a Rafael Cadenas. Muchas felicitaciones al profesor Cadenas, gracias por elevar el nombre de Venezuela.

Bitácora de un Promotor de Lectura. Capítulo uno.

Por: Esteban Arenas

Todos mis trabajos tienen algo común, algo así como un hábito compartido: tienen la manía de adentrarme en un nicho de vacío y duda. Todos los oficios que he desempeñado han sido exageradamente holgados, se asemejan a un animal gordo que se tiende inmóvil sobre las horas del día. Como consecuencia, me veo dueño de un espantoso tiempo libre en medio de mis jornadas, lagunas de quietud, frío, soledad y aburrimiento.
Me he valido de distintos medios para llenar los espacios en blanco, para sembrar flores en el suelo árido de mi angustia. Cualquier acontecimiento es bien acogido por mí, toda acción que rasgue los minutos y los colme de vida y novedad. En estos momentos, la gran pared de vidrio al lado izquierdo de la sala despide unas luces enrarecidas, los rayos del sol parecen dar palmaditas al cristal y luego la luz atraviesa la pared traslúcida convertida en bolitas resplandecientes; por supuesto, no me interesa mucho la luz, ni cómo se vierte el día dentro de la sala como una filtración de esas que humedecen los techos y de a poco los van desgastando. Si no estuviera tan aburrido y solo, no me viera en la necesidad de andar viendo la luz que embiste la ventana, ¿o pared? Supongo que cuando una pared es enorme y transparente, da lo mismo en realidad llamarla ventana o pared, creo que hasta puerta es también la muy creída, todo lo quiere hacer y lo peor es que todo lo puede; en fin, volviendo a la luz, considero que ver la resolana a eso de las tres de la tarde luego de un hastío interminable es algo triste, pero, ver una cosa es algo inevitable para luego escribirla, me aburre ver, de verdad, pero qué más da, la veo y luego escribo algo bonito sobre ella, lo hago porque cuando convierto la luz del sol en palabras encuentro ésta de lo más adorable, creo que todo lo que uno ve no es más es un pretexto para tener de que hablar, ¿qué sentido tiene cualquier objeto sino el de despertar comentarios bonitos, bien dichos? Si pudiera vivir en palabras, pues, al demonio los sentidos, qué bello. Tanta miradera inútil, tanta escuchadera, tocadera, ay no, me quedo con mi cháchara.

Cuando leo lo que escribo sobre la luz, no niego que ahí sí me dan ganas de comerme a besitos los rayos de sol y hasta mirarlos de la forma más linda, porque ya ahí por escrito es otra cosa, todo se muestra bien: claro, conciso, hasta coqueto y disfrutable. Con el paso de las horas la luz se vuelve insoportable, yo debo permanecer en el mostrador y cada vez se me arrima más la resolana concentrada del cristal, ¿verdad que es invasiva? No la aguanto, nada más la tolero porque me dio algo que escribir, porque si ni siquiera eso, estaríamos mal ella y yo. No me traje los lentes de sol, me imagino que andar con los anteojos oscuros puestos dentro de mi zona de trabajo y en un sitio cerrado debe parecer ridículo a quien me observe, o tal vez inquietante. Los lentes negros dan un aire de hostilidad y rudeza hasta al más dulce de los seres.

La sala permanece en silencio, bueno, no tanto, el acondicionador de aire hace un ruido considerable, parece un rugido bestial monótono, a tal punto de asemejarse a un manso gemido. Es un privilegio enorme contar con acondicionador de aire en el trabajo, es decir, creo que aquí es el único sitio en donde puedo lucir mi chaqueta, amo estar enchaquetado, lamentablemente, el calor de la ciudad no da tregua y uno sale a la calle vestido de forma simple. No es que yo tenga un gran gusto para la ropa o que la sepa combinar o que pueda determinar qué me queda mejor o cuál vestimenta hace destacar mis atributos; sencillamente, hablo de la chaqueta. Tengo un esquema muy sencillo para la etiqueta y así diferenciar un atuendo normal de uno extraordinario o fino, y todo radica en usar o no, la chaqueta. A mí la chaqueta me hace sentir muy apuesto y si hay algo que me gusta de estar aquí es poder lucirla. En el trabajo a uno lo mantienen como en conserva, refrigerado, aquí no sudo, de hecho, hace tanto frío que mi piel se tiñe de morado, a veces el frío es inclemente, porque el aire acondicionado lo encienden a eso de las ocho y la intensidad del frío aumenta gradualmente conforme avanzan las horas, ya en el segundo trecho de la jornada yo me estoy abrazando todo el tiempo, dándome calor, es ligeramente horrible, pero, no sudo, así que, no está tan mal, porque detesto sudar. En la sala uno se siente herméticamente sellado al vacío, antiséptico, carente de fluidos corporales, seco, sin olor ni calidez, eso es algo que se agradece. Vale la pena soportar esa suerte de invierno de embrujo de cuento de hadas, porque me siento como un muñequito, solo que sin brillo de plástico ni transparencia de hielo.

Leer es un recurso eficaz, puedo pasar un buen rato leyendo bien sea un libro que traiga de mi casa o uno del trabajo, que por cierto, hay muchos libros aquí. Representa una verdadera dificultad elegir cuál libro tomar y tratar de adivinar si el mismo es apto para mí en este momento o si yo estoy apto para él. Sin embargo, he notado que tiendo a leer más textos informativos o científicos que de ficción mientras estoy en mi turno laboral, en esos momentos no soy muy dado a leer historias, necesito mayor intimidad para las historias, como por ejemplo, estar echado en cama envuelto entre sábanas leyendo un cuento o novela con el libro muy mal sujetado, nada hace constar más el gozo que proporciona una lectura que lo enrevesada de las posturas del lector y las maromas que hace el libro en nuestras manos trémulas. He alcanzado sesiones de lectura bastante fructíferas en el trabajo, y cuando digo que son provechosas, no hago hincapié en el hecho de que el material leído deje algo profundo en mí, sino que cumple con los objetivos más prácticos: distraer la mente y agilizar el transcurso del tiempo, olvidar la nada imperante y el aburrimiento que mana de ella. Pero hay algo preocupante, no puedo pasarme todas las horas de mi jornada laboral absorto en la lectura; a mí que me encanta leer reconozco que me harto de tanta palabra escrita pasado algún tiempo; no importa si la lectura es muy grata, uno se satura, igual que cuando se come rico, pero demasiado. El resto del tiempo me encargo de buscar otras distracciones, mi compañera de trabajo es una de ellas, recuerdo que me pareció divertida el primer día, pero ya al tercer día de nuestro trato, me siento un poco cansado de ella; pasamos todo el día sentados juntos tras el mostrador, conversamos bastante, eso sí. Yo muestro un vivo interés en todas sus cosas, pero es por cortesía. Ella asume con entusiasmo las labores inútiles que nos asignan para justificar nuestra estadía en la sala. Yo quisiera algo de esa motivación, por ejemplo, si nos mandan a recortar letras de cartulina para una cartelera, ella realiza la tarea con total entrega, yo en cambio siento mucho sueño luego de los primeros cortes, además, la tijera como que me aprieta duro los tendones de la mano, creo que al espacio entre los dedos se le llama tendón, no estoy seguro. Otra tarea tediosa es buscar información acerca de las festividades y fechas conmemorativas del mes. Las llamadas efemérides, no volveré a utilizar la palabra “efemérides” porque me da un tedio terrible solo pensar en ella. Al parecer, cada día se celebra algo, de verdad no dan abasto 365 días al año, debería haber más días para cubrir todas las fechas importantes.

Las tareas no cubren todo el tiempo, y si hay algo realmente perjudicial en un ambiente laboral, es que tu compañero de trabajo esté a cargo de la computadora principal del escritorio y que ésta tenga acceso a la red, mi compañera se pone a ver telenovelas por internet. No voy a decir que nunca he disfrutado de una telenovela porque sería una mentira muy descarada. He visto telenovelas, me han gustado unas cuantas, me gustan las venezolanas viejas, y si hablamos de novelas actuales prefiero las colombianas. Sí, lo confieso, he visto novelas hasta de cantantes de vallenato y me han entretenido, pero las novelitas que ve mi compañera son muy fastidiosas, por el amor de… Solo espero que transcurran los minutos finales de nuestra jornada para dar por terminada esta tortura, he llegado a dormitar tanto sobre el escritorio que no logro dormir más, estoy muy despierto, mis sentidos perciben el aburrimiento en todo su esplendor, finalmente, llega la hora de la salida, nos toca retirarnos de la sala, cerrar la gran puerta transparente que es ventana y es pared y cuya cerradura me cuesta trabajo maniobrar, cada día me cuesta trabajo recordar hacia qué lado se cierra la puerta, el proceso puede demorar varios minutos; después de cerrar la sala, uno pasa a la oficina principal a recoger las cosas que se dejan ahí al comienzo de la jornada y luego uno puede retirarse del lugar. Una vez afuera, el hechizo del frío se desvanece y el sol me taladra la cabeza, espero el transporte público para ir a casa, normalmente el autobús está repleto de gente y música a todo volumen. Debo añadir que si considero que la canción es bonita, no me molesta el bullicio en el autobús, en éstos se coloca mucho vallenato y si el vallenato es del tipo romántico y no del tipo socarrón y parrandero, lo disfruto, porque ese es mi ladito cursi, hasta llego a mover la cabecita en el asiento al compás de la canción, hago esto hasta que el calor me adormece y mi cabeza queda bamboleando en el asiento de adelante entre incontables sacudidas en el camino a casa…

Mosaico. Cuentos de Armando José Sequera

Armando José Sequera es un escritor, periodista y guionista de radio. Nació en Venezuela en el año 1953. Ha obtenido quince premios literarios, entre ellos Casa de las Américas (Cuba, 1979), Diploma de Honor IBBY (Suiza, 1996), Bienal Latinoamericana Canta Pirulero (Venezuela, 1998) y la Bienal Mariano Picón Salas, Mención Salvador Garmendia (Venezuela, 2001).

La mayor parte de su obra literaria está conformada por cuentos cortos del género detectivesco. Algunos cuentos han sido redactados en solo cuatro párrafos, siempre concretos y entretenidos.

Mosaico.

Mosaico es una antología de cuentos que enmarca sus mejores piezas en el periodo comprendido entre 1977 y 2001.

Es notable resaltar que en algunos casos, el autor recurre al cuento circular y a la reutilización de escenas desde un punto de vista alterno, como ocurre en «Párrafos redactados para resumirte lo ocurrido» y «Cuatro extremos de una soga»

¿Conocías la obra de este autor? ¿Qué te ha parecido?

La mansión del laberinto

Don Javier era un viejo millonario italiano que, aunque vivía con sus hijas, seis, para ser más específico, Luna Llena, Luna Nueva, Luna Clara, Luna Gris, Luna Blanca y Luna Negra, tenía una vida muy solitaria. Vivía rodeado de los más excéntricos lujos y con mucha pomposidad, pero siempre sentía que algo le faltaba. Tenía un hermano, Marco, que nunca iba a visitarlo, y eso lo hacía sentir muy mal. En su enorme mansión vivía, como ya lo dije, con sus seis hijas, y muchos de sus empleados que también habitaban esa enorme mansión; jardineros, amas de llaves, cocineros, etcétera, se habían convertido en parte de la familia de Don Javier. Esta mansión tenía la particularidad de que podías entrar fácilmente, pero, era prácticamente imposible salir de allí. Solo Don Javier conocía la forma exacta para abandonar su propia casa, solo él y nadie más.

Habíamos ido de visita para realizar un reportaje acerca de la historia de la mansión de Don Javier, mi compañera y yo, y nos quedamos maravillados y atónitos ante semejante construcción: enormes jardines llenos de caminos de piedra, fuentes de agua y pequeños lagos poblados de patos y otros animales, un gran muro de arbustos muy bien podados nos rodeaban además de un gran arco de mármol que nos daba la bienvenida a la casa principal. Lucía imponente, como un gigantesco castillo medieval, al cual se podía entrar a través de unas escaleras anchas y bajas, allí nos esperaba doña Eva, que era la ama de llaves principal de esa enorme casa. Salieron a nuestro encuentro las seis Lunas, el pequeño José Ruth, hijo de Luna Clara, el mayordomo, el portero que se llamaba Pedro, y todos los que en ese momento estaban allí, pero sin rastro de Don Javier.

Como era de imaginar y de esperar, dimos un recorrido guiado por la enorme casa, vimos las habitaciones, los salones, el gigantesco comedor y su respectiva cocina, anchos pasillos nos conducían a diferentes estancias, en fin, un largo recorrido por la mansión. Fue tanto lo que tuvimos que caminar que me quité los zapatos para poder realizar la visita sin inconvenientes. Habíamos hablado con doña Eva, quien nos dio todos los detalles acerca del trabajo que se realizaba a diario por todos los empleados, además de que las seis Lunas también nos dieron una gran cantidad de anécdotas familiares, pero llegó a colación un comentario sobre la mayor particularidad de la mansión; Luna Clara, con voz de misterio, nos dijo: -«Todo el mundo sabe cómo entrar aquí, mas nadie conoce la forma de abandonar nuestra casa, mi padre es muy celoso con su secreto, tanto que no lo confió a ninguna de nosotras, sus hijas, ni a doña Eva, ni a nadie más.»

Esas palabras nos estremecieron y nos llenaron de cierto temor de quedar atrapados allí, en un lugar que parecía haber quedado congelado en el tiempo y que cada vez parecía hacerse más y más grande. Luego de haber realizado nuestro reporte, nos invitaron a un abundante y opíparo almuerzo junto a toda la familia y los empleados de mayor confianza de Don Javier, pero, como ya saben, el dueño de la mansión no se hizo presente. Comimos los más variados platillos y postres que solo una familia grande y pudiente podría darse el lujo de probar a diario. Luna Clara y sus hermanas nos dieron un segundo recorrido, en esta oportunidad a través de un sinuoso jardín lleno de arcos y caminos hechos de ladrillos, seguidamente, ese jardín culminaba en una gran fuente bajo techo con piscinas circulares y poco profundas, a las cuales se podía acceder a través de otro camino de ladrillos de forma zigzagueante, como una larga y colorada serpiente. Grandes lámparas colgaban del techo del recinto además de la luz del sol que entraba a la sala a través de grandes ventanales vestidos de ricos vitrales cargados de muchas formas y colores. Luego de esa segunda vuelta a los alrededores de la mansión, recibimos un recado por parte de doña Eva; al fin, luego de una larga espera, Don Javier nos recibiría.

Fuimos de inmediato a la gran casa del millonario anciano, que se encontraba en su habitación solo, envuelto en sus sábanas en un rincón, sentado en una silla y con cara de profunda tristeza y preocupación. Murmurando, nos pidió que nos acercáramos a su lado, y nos dijo en voz baja: «Aunque tengo todo lo que un hombre busca, quiere y necesita a lo largo de su vida, una hermosa familia, una casa enorme, una gran cantidad de lujos y comodidades, he sentido que falta algo para que mi felicidad sea completa, aunque mi hermano no haya venido por acá en muchos años, espero que esté bien y que por lo menos se acuerde de mí, eso me basta para poder estar en paz conmigo mismo…» Al escuchar a Don Javier hablando de esa forma, mi compañera, de manera no muy oportuna, interrumpió al anciano y ella quiso saber la forma de salir de la casa, a lo cual, Don Javier le respondió: «No hay manera de salir de un lugar al cual nunca se ha podido entrar. Si aún queda algo pendiente, algo por lo cual tu misión aún no está completa, tal vez no sea el momento adecuado para quedarse aquí, pero no soy el más indicado para mostrarles la salida de la mansión; salgan, salgan de aquí, mi tiempo con ustedes se ha terminado…»

Al salir, solo recuerdo que atravesamos un largo y estrecho pasillo, iluminado por una luz blanca que nos conducía a un laberinto rodeado de paredes blancas, no había nadie más aparte de mi colega, cuando, al llegar al laberinto, apareció frente a nosotros el nieto de Don Javier, el hijo de Luna Clara, José Ruth, vestido completamente de blanco y con un pequeño conejo, blanco también, en sus manos, al momento de vernos, salió corriendo a través del laberinto y decidimos seguirlo. A través del sinuoso y blanco pasillo fuimos corriendo detrás del pequeño niño y su conejito, y, al llegar a la salida, una fuerte luz blanca nos iluminó, seguidamente una voz nos dijo exactamente lo que Don Javier nos contó en su habitación: «No hay manera de salir de un lugar al cual no se ha podido entrar…»

Todo tenía sentido para mí. Mi compañera y yo despertamos en la sala de emergencia del hospital, habíamos tenido un accidente automovilístico; cuando desperté de la muerte, recordé claramente lo que Don Javier nos dijo: «Si aún queda algo pendiente por hacer, algo por lo cual tu misión no está completa, tal vez no sea el momento adecuado para quedarse AQUÍ…»

Habíamos muerto y visitado la mansión celestial, creo que incluso hablamos directamente con Dios, comprendí que nuestra misión aún no está completa en este mundo. Por eso, el secreto para volver al plano terrenal no lo conoce nadie, ni siquiera nosotros que vimos cómo se podía volver del más allá.