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FELIZ DÍA, MADRE
Desde nuestro equipo deseamos un feliz día a las madres de nuestro Colectivo de Arte, mujeres luchadoras y brillantes, y con ellas hacemos extensivos los deseos de unión y felicidad a todas las Madres del mundo 👩👧👧
¡Bendiciones! 🤗💐
⁉️ ¿Sabías qué…? El Día de la Madre es una festividad que se celebra en honor de las madres, en gran parte del mundo, en diferentes fechas del año según el país.
LA DAMA DE LA CULTURA VENEZOLANA: SOFÍA Ímber

Sofía Ímber Barú, nació el 8 de mayo de 1924. Hija de Naum Ímber y Ana Barú, llegó a Venezuela en 1930. Sus padres le brindaron una buena educación tanto a ella como a su hermana Lya, quien fuese una de las primeras mujeres en graduarse como médico en Venezuela.
Desde muy joven mostró sus dotes periodísticos y artísticos. En Caracas, realizó diversas publicaciones nacionales e internacionales, y colaboró en varios artículos de periódicos y revistas de Venezuela, México, Colombia y Argentina por más de cincuenta años.
Con Guillermo Meneses, su esposo, viajó a Europa en su calidad de miembro del servicio diplomático del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, manteniendo contacto con el grupo de Los Disidentes. Al regresar a Venezuela se divorcia y junto con su segundo esposo Carlos Rangel, comenzó a realizar el programa de televisión «Buenos Días», que se transmitió por Venevisión,
Luego del suicidio de su segundo esposo, produjo y condujo el programa televisivo Sólo con Sofía y el programa radial La Venezuela Posible. A su vez, trabajó para reconocidos periódicos venezolanos.
En 1973, fundó y dirigió el «Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber» (MACCSI), actualmente Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC), donde se exhibe una colección permanente de alrededor de cuatro mil obras, considerada la mejor colección de arte contemporáneo de América Latina.
Por casi treinta años, Sofía estuvo a la cabeza del museo, el cual dirigía con gran eficiencia y celo, hasta que fue destituido arbitrariamente por Hugo Chávez.
La Universidad Católica Andrés Bello creó la Sala de Investigación «Sofía Imber y Carlos Rangel», y posteriormente instauró la Cátedra de Periodismo «Sofía Imber».
Falleció el 20 de febrero de 2017 a los 92 años de edad y el 21 de febrero de 2017 le habría sido conferida la distinción Doctorado Honoris Causa por la Universidad Simón Bolívar, en reconocimiento a su «destacada trayectoria profesional y sus contribuciones significativas al progreso social y cultural del país».
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AMBIGUO
Por Esteban Arenas
No desciende, ni asoma mareo,
Lo suspenso, alto y calmo,
Alzar me cuesta el rumbo
De mis pequeñas ventanas,
Y lo ya erguido, ante mi,
Ni esfuerzo supone.
Al ver cercanías,
Soy ambiguo,
Blanco quisiera hacer,
A la curva espalda
Que confina los velos.
No es posible

No es posible que hagamos las pases.
Tu desdén malhirió mi quimera;
Ya se fue la ilusión hechicera
Que nos trajo tan dulces enlaces.
No me explico, no sé lo que haces.
No creí nunca, nunca que fuera
Como una sutil madriguera tu alma llena de voces falaces.
Un veneno de amor me ofreciste
Y matando mis goces tan pulcros,
Me has dejado muy sola y muy triste.
Es tu pecho cruel camposanto donde yacen los hondos sepulcros
de los sueños que yo quise tanto…
EL LOCO DEL PUEBLO
POR J. G. RIVAS
Vivíamos en un pueblecito de los Andes, apartado de cualquier ciudad o carretera nacional, donde el frío era el pan nuestro de cada día, donde en raras ocasiones se veía alguna novedad o cosa interesante que llamara la atención de la gente, un pueblo donde la paz, el silencio y la calma reinan bajo el susurro de la brisa y las caricias de los rayos del sol, hasta que, una mañana del mes de Noviembre, en los alrededores de nuestra casa, un grito alarmó a los vecinos y a los que estaban cerca del lugar.
Era Lucas, un hombre que se dedicaba a vender perritos en los diferentes lugares de interés turístico del pueblo, que en anteriores ocasiones había experimentado delirios y cierta locura debido a los excesos del vicio y la escasez de alimentos, todo esto debido al abandono y la falta de apoyo por parte de sus familiares, quienes lo hacían a un lado y sufría constantes vejaciones e insultos en su casa. Volviendo al tema de esa mañana, ese grito fue seguido de carcajadas, silbidos y disparates, al ver a este pobre hombre en su delirio, las mujeres y los niños se refugiaban en sus hogares mientras que los hombres hacían un esfuerzo por ignorar al loco o simplemente, le seguían la corriente más para divertirse que con cualquier otro propósito.
Al transcurrir del tiempo, se le veía constantemente caminando de arriba hacia abajo, una y otra vez, a través de la carretera, sin importar la hora y el clima, exhibiendo sus ropas sucias, malolientes y desaliñadas, un par de zapatos igualmente desgastados por sus caminatas de un pueblo a otro, su mirada perdida en el horizonte y en su rostro, barba y bigote de baba marrón por el excesivo consumo del chimó. Sumergido en su paranoia esquizofrénica, se lanzaba hacia los vehículos que circulaban y hacia los transeúntes que se cruzaban en su camino. Ya en el pueblo, durante las largas horas de racionamiento eléctrico, se dedicaba a tocar las puertas de las casas, no de la manera en que se hace para entrar a un lugar para visitar a la gente, sino que tocaba la puerta con tal fuerza y tal estruendo, que todos se asustaban, no sólo el susto era para las personas de esa casa, sino que también los vecinos y las personas que pasaban por allí a esa hora.
Recuerdo que una noche, llegó a tocar la puerta de nuestra casa, eran más o menos las 9 o 10 de la noche (no sabría decir qué hora era exactamente, en ese momento no tenía a la mano un reloj ni mi teléfono celular para ver la hora), se puso a cantar como un gallo, soltó varias carcajadas al aire y se fue, continuando el mismo ritual en las casas de nuestros vecinos.
No era para menos el temor que sentía la gente hacia el loco Lucas, que por su estatura y su contextura física, intimidaba al más valiente. De por sí, en sus cabales era un hombre que inspiraba miedo, ahora ya se podrán imaginar lo que podría ocurrir con su mente turbada y fuera de razón. Muchos fueron los intentos por hacer calmar al loco Lucas, pero todos fueron en vano. En una ocasión, algunos hombres intentaron enlazarlo y amarrarlo como lo harían con el ganado vacuno o como cualquier otro animal, pero, era tanta la fuerza del hombre que no podían sostenerlo entre 8 personas.
Sus familiares me dijeron que hicieron lo humanamente posible para contenerlo; internarlo en un hospital psiquiátrico donde obviamente tendría todos los cuidados necesarios para alguien con su condición, sedarlo, encerrarlo…. En fin, él, a pesar de su locura, encontraba la mejor manera de escabullirse y seguir con sus andanzas. Él no era de esas personas que gustaran de beber, pero su vicio era mucho más adictivo y accesible a su ya empobrecido bolsillo: el chimó. Pasaba todo el día, calle arriba y calle abajo, no podía ver los abastos y bodegas abiertos porque, sentía la necesidad de tomar a la fuerza ya fuese un racimo de cambures o una bolsa de pan para mitigar el hambre, y los dueños de esos establecimientos comerciales, eran conscientes de la situación de Lucas que, sencillamente, lo dejaban tranquilo para no ganarse un insulto o una agresión sin necesidad.
Así fueron pasando los días, al anochecer, las personas se guardaban en sus casas por el temor de que el loco Lucas hiciera de las suyas y agrediera a alguien que se cruzara en su camino. Trataba a la gente de “mulas” y con cualquier otro improperio que le resultara adecuado para esa persona en particular, era tal el miedo que sentíamos en el pueblo que, mucha gente pensaba en mantenerse encerrada en sus casas por miedo al loco Lucas.
Resulta que, en una noche donde la oscuridad reinaba sobre nuestro pueblo, el loco Lucas en sus caminatas nocturnas iba cruzando el puente que comunica el pueblo con otro caserío, justamente ese puente quedaba cerca de mi casa, cuando, unos hombres, se bajaron de una camioneta y decidieron seguir a Lucas a través del puente. Sigilosamente fueron detrás de él manteniendo la distancia correspondiente para no alarmarlo y no llamar su atención, cuando, uno de estos sujetos, blandió un bate de béisbol de aluminio y lo sacudió con todas sus fuerzas sobre la cabeza del pobre loco, que lo hizo caer inmediatamente del puente hacia el río, donde irremediablemente, cayó y quedó privado en el acto. Estos hombres, fueron deprisa hasta el puente, bajaron rápidamente hasta el lugar donde se encontraba el cuerpo inerte de Lucas, lo amarraron y lo envolvieron en una bolsa plástica y se lo llevaron con rumbo desconocido, posiblemente para enterrarlo o para quién sabe qué cosa…
Cada lugar tiene sus personajes particulares, unos más célebres que otros, en este caso, un pobre hombre que no tenía la culpa de padecer una condición mental inestable y que por su delirio, no hacía otra cosa que vagar por las calles sin más premisa que vivir a su manera.
PASADO
POR MAYRA DE BOURG

…Pasado… ¡Me ahogas! ¡Basta ya! ¿Quién te resiste?
Bien sé que tú me hiciste.
Nada hay en mí, Pasado, donde no hayas posado, tu zarpazo o tus besos.
Con tus juegos traviesos
me has nutrido, formado y deformado.
tierno Pasado.
Por desgracia, —o por suerte— no puedo ya de mi carne y de mi sangre desprenderte.
Soy tu fin, tu morada…
¡Sea! Reside en mí , si te empeñas y expón
de mi ardiente cerebro en un rincón
tus tablas y memorias.
¡Haz balance de todas tus victorias,
de mis viejos amores inventario!
Trabaja bien, y a fuerza de buen archivero y notario,
graba en mi corazón ajado y triste
las viejas escrituras que trajiste.
Para mejor engatusarme
crea ópticas, ilusiones y falsea
la imagen y maquilla con pintura
decorado y figura;
cubre con purpurina,
dorada y fina,
el sueño y la aventura;
insiste, pasteles.
Prosigue tu tarea
triste y macabra de rotulador
y de embalsamador.
Mas prosíguela, al menos, bajo el signo
de la sombra Por esto yo los consigno,
a ti y a tus despojos,
de mi pecho en el fondo. De mis ojos
todo lo que te evoque alejaré.
Cajones vaciaré
con malos trastos,
y al fuego arrojaré
cartas y documentos y retratos.
De mis cofres te exhumó
y te convierto en humo.
Te expulso. Te despido.
Te arrojo de tu nido.
Que evalúes exijo
tu hediondo escondrijo.
Quiero ofrecer a las deidades mudas
las paredes desnudas,
los estantes vacíos.
Adiós, libros, adiós, amigos y míos:
me disgustàis, porque me habéis gustado.
Poemas que he leído demasiado:
de mi vera os rechazo Y aunque vivo
quedé mi corazón bajo el derribo
sepultado, yo al menos libertad gozaré, y, ya sin nombre, sin edad,
libre al fin del pasado,
desnudo y sin cuidado
en mis salas desiertas,
hacia ti podré ir
¡Oh, Porvenir!
con tus manos abiertas.


