Conócete y valórate

Por Alejandro Andrade

De acuerdo con la tradición cristiana, el alma es uno de los aspectos del ser humano que lo unifica como individuo y lo «lanza» a actividades que van más allá de lo material.

Partiendo de ello, nos preguntamos: ¿El impulso de nuestras acciones son dadas en primera instancia por nuestra alma?

Podemos decir, entre tantas ideas, que cada ser humano desarrolla desde su alma y espiritualidad, gestos desde la sencillez que hace que se manifieste el amor en todas nuestras actuaciones.

Recuerda: Al igual que siempre decimos que lo que hay en el corazón, sale de la boca, ésto va acompañado en el expresar que nuestras acciones son reflejadas de nuestra alma: sonreír con sinceridad, tender la mano a quién lo requiera sin esperar retribución y toda aquello que puedas hacer que hable bien de ti.

Seamos valientes hijos de Dios, mostrando con los actos todo lo valioso que hay en nuestro corazón.

Conócete, valórate, nutre tu espíritu creyendo y orando, de esa manera mostrarás tu alma noble con cada acto que hagas.

Amatista

En la tristeza se sumerge
mi alma llena de penas,
en la noche me cobijo,
y las lágrimas son mi condena
El dolor es un vacío,
un abismo que me invade,
la tristeza es un demonio,
que mi corazón abre
En medio de la oscuridad,
un destello me guía,
como amatista en mi soledad,
que me alumbra cada día
Este cristal brillante,
me demuestra que las amarguras,
son solo momentos distantes
que pronto serán fortaleza
Y así mi corazón se purifica,
encuentra la claridad del día,
salvándome de la turbulencia
alegrando mi alma de sus pesares
Por D. Vera.

Devoción

Por J.G. Rivas

Nuevamente pasé una temporada en ese pueblecito de los Andes, donde, recordemos, fue el escenario del delirio y las locuras de Lucas, un hombre que vivía siendo víctima de las imágenes retorcidas y perturbaciones que creaba su propia mente en medio de la oscuridad de la noche y el frío gélido de las montañas, hasta que llegó su desdichado y trágico fin del cual me tocó ser inoportuno testigo. Durante esta nueva estancia, realicé una breve reseña de cómo era la vida en este lugar hace unos años atrás.

Al enterarse del motivo de mi visita al pueblo, varias personas me condujeron a una casita de bahareque y techo de teja donde Fernanda, una señora de avanzada edad de ojos azules, cabello blanco, grandes anteojos, sombrero y vestido, me recibió en su humilde y modesto hogar, al abrigo del frío, frente a la chimenea, al momento de entrar y sentarme a su lado. Recibí de sumo agrado una arepa de trigo recién hecha, un buen café y su respectiva ración de cuajada. Ella comenzó con su relato hablando sobre la pequeña escuela que tenía esta población, y aún más, al personaje encargado de impartir la tan necesaria educación a los niños en aquel tiempo.

Se trataba de don Sebastián García, quien fungía como maestro de escuela integral, quien tenía a su cargo, para aquellos años, un total de cuarenta alumnos de ambos sexos y edades diferentes. Enseñaba matemáticas básicas, moral y civismo, biología, ciencias sociales y humanidades, y el uso correcto del lenguaje y la comunicación, además de literatura. Todos los lunes llegaba a primera hora de la mañana, a lomo de su mula, cargada de libros y material educativo para la escuela tras unas cinco o seis horas de largo camino desde la ciudad y, luego de desayunar, se disponía a enseñar a los niños. Al final de cada jornada se hospedaba en la casona de don Pedro Moreno durante la semana. Llegaba el sábado, se levantaba de madrugada, preparaba su equipaje, se ponía su sombrero y su cobija, apeaba su mula, y se dirigía por el viejo camino real, a la ciudad donde le esperaba su hija, llamada Ana Emilia.


Resulta que don Sebastián había sido un hombre muy paciente, pero apasionado en su labor. Él enseñaba a sus alumnos de manera desinteresada, los padres de los niños a los cuales enseñaba, le proporcionaban entre todos una pequeña suma de dinero para poder costear el material educativo, además de rubros agrícolas para su propio sustento y el de su familia. Relataba Doña Fernanda que ella era alumna de don Sebastián y que, gracias a sus enseñanzas, ella pudo enseñar a sus padres a leer y escribir.

Todos los días, don Sebastián de manera abnegada, desinteresada y jovial, a las ocho de la mañana, tocaba la campana indicando el inicio de las clases. Los niños entraban a su salón, luego de entonar el Himno Nacional en el patio de la escuela, y cada mañana, revisaba los apuntes del día anterior de sus alumnos.

Mañana a mañana, día tras día, don Sebastián impartía sus lecciones a toda la “muchachera” que asistía a la casa de tapia y techo de carrizo y teja frente a la plaza del pueblo que fungía como improvisada aula de clases. Esta vivienda constaba de un gran patio central, a modo de zaguán, varias habitaciones pequeñas, y el salón además de una cocina y, alejada del lugar, un pozo séptico.

— Ah, me acuerdo cuando era escuelera, mi máma me embojotaba dos arepas con un pedacito de cuajada envuelta en frailejón que apañaba antes de prensar y ahumar los quesos, un pedazo de panela, y una pimpina chiquita con guarapo, eso me lo echaba a yo entre la marusa del avío, me terciaba la chispeadora y me iba piano piano con mi taita pa’ la escuela, él se iba al barbecho a fornalear y por el camino me dejaba con el maestro, a yo me gustaba ir, era muy juntera con Desideria, Epifania y con Juanita, y los chinos puro saboteando y no dejaban escuchar la clase, yo vinía y anotaba lo que decía el maestro, así juera en el puro piso me sentaba, pero lo que medio pude aprender lo aprendieron mis taitas, ya vieja les decía a los muchachitos míos que jueran pa’ la escuela, que eso sí es bonito porque se aprende mucho.— Era en parte lo que me decía doña Fernanda, con su parsimonia al narrar cada anécdota, mientras tanto hilaba un ovillo de lana para tejer.

Sumergido en el relato de la anciana, imaginaba las verdes montañas parameras con sus caminos de tierra, las grandes parcelas sembradas de papa y trigo, los hornos donde se cocían las tejas y ladrillos siendo sitio de reunión de la gente en las tardes y noches gélidas, el viento, el silencio y el frío en triunvirato siendo amos y señores del lugar y obviamente, los simpáticos niños del páramo corriendo a la cima del conocimiento y la cumbre del saber donde les esperaba puntualmente don Sebastián.


GLOSARIO:
Avío: Provisión de comida o merienda para llevar al trabajo, la escuela, etcétera.
Barbecho: Terreno donde se está cosechando algún rubro agrícola.
Chinos: Niños, muchachos. Se usa esta palabra en la zona de los Andes venezolanos y en algunos departamentos de Colombia.
Chispeadora: Ruana de lana que produce electricidad estática al usarla.
Embojotar: Envolver.
Escuelera: Alumna de alguna institución educativa.
Fornalear: Trabajar, forma vulgar de jornalear.
Guarapo: En la zona andina, se suele preparar una bebida caliente con agua y papelón, para combatir el frío o acompañar el desayuno o la cena.
Juera: Fuera, del verbo ir.
Marusa: Especie de bolso tejido o de tela. También se refiere al filtro de tela artesanal que se usa para colar el café.
Piano piano: Poco a poco, con calma.
Taita: En singular se refiere al padre de familia, en plural, a ambos padres.
Terciar: Ponerse alguna prenda de vestir o cargar algo sobre la espalda. Proviene de la acción de cargar un tercio o carga de leña.
Vinía: Venía

Bitácora de un Promotor de Lectura. Capítulo uno.

Por: Esteban Arenas

Todos mis trabajos tienen algo común, algo así como un hábito compartido: tienen la manía de adentrarme en un nicho de vacío y duda. Todos los oficios que he desempeñado han sido exageradamente holgados, se asemejan a un animal gordo que se tiende inmóvil sobre las horas del día. Como consecuencia, me veo dueño de un espantoso tiempo libre en medio de mis jornadas, lagunas de quietud, frío, soledad y aburrimiento.
Me he valido de distintos medios para llenar los espacios en blanco, para sembrar flores en el suelo árido de mi angustia. Cualquier acontecimiento es bien acogido por mí, toda acción que rasgue los minutos y los colme de vida y novedad. En estos momentos, la gran pared de vidrio al lado izquierdo de la sala despide unas luces enrarecidas, los rayos del sol parecen dar palmaditas al cristal y luego la luz atraviesa la pared traslúcida convertida en bolitas resplandecientes; por supuesto, no me interesa mucho la luz, ni cómo se vierte el día dentro de la sala como una filtración de esas que humedecen los techos y de a poco los van desgastando. Si no estuviera tan aburrido y solo, no me viera en la necesidad de andar viendo la luz que embiste la ventana, ¿o pared? Supongo que cuando una pared es enorme y transparente, da lo mismo en realidad llamarla ventana o pared, creo que hasta puerta es también la muy creída, todo lo quiere hacer y lo peor es que todo lo puede; en fin, volviendo a la luz, considero que ver la resolana a eso de las tres de la tarde luego de un hastío interminable es algo triste, pero, ver una cosa es algo inevitable para luego escribirla, me aburre ver, de verdad, pero qué más da, la veo y luego escribo algo bonito sobre ella, lo hago porque cuando convierto la luz del sol en palabras encuentro ésta de lo más adorable, creo que todo lo que uno ve no es más es un pretexto para tener de que hablar, ¿qué sentido tiene cualquier objeto sino el de despertar comentarios bonitos, bien dichos? Si pudiera vivir en palabras, pues, al demonio los sentidos, qué bello. Tanta miradera inútil, tanta escuchadera, tocadera, ay no, me quedo con mi cháchara.

Cuando leo lo que escribo sobre la luz, no niego que ahí sí me dan ganas de comerme a besitos los rayos de sol y hasta mirarlos de la forma más linda, porque ya ahí por escrito es otra cosa, todo se muestra bien: claro, conciso, hasta coqueto y disfrutable. Con el paso de las horas la luz se vuelve insoportable, yo debo permanecer en el mostrador y cada vez se me arrima más la resolana concentrada del cristal, ¿verdad que es invasiva? No la aguanto, nada más la tolero porque me dio algo que escribir, porque si ni siquiera eso, estaríamos mal ella y yo. No me traje los lentes de sol, me imagino que andar con los anteojos oscuros puestos dentro de mi zona de trabajo y en un sitio cerrado debe parecer ridículo a quien me observe, o tal vez inquietante. Los lentes negros dan un aire de hostilidad y rudeza hasta al más dulce de los seres.

La sala permanece en silencio, bueno, no tanto, el acondicionador de aire hace un ruido considerable, parece un rugido bestial monótono, a tal punto de asemejarse a un manso gemido. Es un privilegio enorme contar con acondicionador de aire en el trabajo, es decir, creo que aquí es el único sitio en donde puedo lucir mi chaqueta, amo estar enchaquetado, lamentablemente, el calor de la ciudad no da tregua y uno sale a la calle vestido de forma simple. No es que yo tenga un gran gusto para la ropa o que la sepa combinar o que pueda determinar qué me queda mejor o cuál vestimenta hace destacar mis atributos; sencillamente, hablo de la chaqueta. Tengo un esquema muy sencillo para la etiqueta y así diferenciar un atuendo normal de uno extraordinario o fino, y todo radica en usar o no, la chaqueta. A mí la chaqueta me hace sentir muy apuesto y si hay algo que me gusta de estar aquí es poder lucirla. En el trabajo a uno lo mantienen como en conserva, refrigerado, aquí no sudo, de hecho, hace tanto frío que mi piel se tiñe de morado, a veces el frío es inclemente, porque el aire acondicionado lo encienden a eso de las ocho y la intensidad del frío aumenta gradualmente conforme avanzan las horas, ya en el segundo trecho de la jornada yo me estoy abrazando todo el tiempo, dándome calor, es ligeramente horrible, pero, no sudo, así que, no está tan mal, porque detesto sudar. En la sala uno se siente herméticamente sellado al vacío, antiséptico, carente de fluidos corporales, seco, sin olor ni calidez, eso es algo que se agradece. Vale la pena soportar esa suerte de invierno de embrujo de cuento de hadas, porque me siento como un muñequito, solo que sin brillo de plástico ni transparencia de hielo.

Leer es un recurso eficaz, puedo pasar un buen rato leyendo bien sea un libro que traiga de mi casa o uno del trabajo, que por cierto, hay muchos libros aquí. Representa una verdadera dificultad elegir cuál libro tomar y tratar de adivinar si el mismo es apto para mí en este momento o si yo estoy apto para él. Sin embargo, he notado que tiendo a leer más textos informativos o científicos que de ficción mientras estoy en mi turno laboral, en esos momentos no soy muy dado a leer historias, necesito mayor intimidad para las historias, como por ejemplo, estar echado en cama envuelto entre sábanas leyendo un cuento o novela con el libro muy mal sujetado, nada hace constar más el gozo que proporciona una lectura que lo enrevesada de las posturas del lector y las maromas que hace el libro en nuestras manos trémulas. He alcanzado sesiones de lectura bastante fructíferas en el trabajo, y cuando digo que son provechosas, no hago hincapié en el hecho de que el material leído deje algo profundo en mí, sino que cumple con los objetivos más prácticos: distraer la mente y agilizar el transcurso del tiempo, olvidar la nada imperante y el aburrimiento que mana de ella. Pero hay algo preocupante, no puedo pasarme todas las horas de mi jornada laboral absorto en la lectura; a mí que me encanta leer reconozco que me harto de tanta palabra escrita pasado algún tiempo; no importa si la lectura es muy grata, uno se satura, igual que cuando se come rico, pero demasiado. El resto del tiempo me encargo de buscar otras distracciones, mi compañera de trabajo es una de ellas, recuerdo que me pareció divertida el primer día, pero ya al tercer día de nuestro trato, me siento un poco cansado de ella; pasamos todo el día sentados juntos tras el mostrador, conversamos bastante, eso sí. Yo muestro un vivo interés en todas sus cosas, pero es por cortesía. Ella asume con entusiasmo las labores inútiles que nos asignan para justificar nuestra estadía en la sala. Yo quisiera algo de esa motivación, por ejemplo, si nos mandan a recortar letras de cartulina para una cartelera, ella realiza la tarea con total entrega, yo en cambio siento mucho sueño luego de los primeros cortes, además, la tijera como que me aprieta duro los tendones de la mano, creo que al espacio entre los dedos se le llama tendón, no estoy seguro. Otra tarea tediosa es buscar información acerca de las festividades y fechas conmemorativas del mes. Las llamadas efemérides, no volveré a utilizar la palabra “efemérides” porque me da un tedio terrible solo pensar en ella. Al parecer, cada día se celebra algo, de verdad no dan abasto 365 días al año, debería haber más días para cubrir todas las fechas importantes.

Las tareas no cubren todo el tiempo, y si hay algo realmente perjudicial en un ambiente laboral, es que tu compañero de trabajo esté a cargo de la computadora principal del escritorio y que ésta tenga acceso a la red, mi compañera se pone a ver telenovelas por internet. No voy a decir que nunca he disfrutado de una telenovela porque sería una mentira muy descarada. He visto telenovelas, me han gustado unas cuantas, me gustan las venezolanas viejas, y si hablamos de novelas actuales prefiero las colombianas. Sí, lo confieso, he visto novelas hasta de cantantes de vallenato y me han entretenido, pero las novelitas que ve mi compañera son muy fastidiosas, por el amor de… Solo espero que transcurran los minutos finales de nuestra jornada para dar por terminada esta tortura, he llegado a dormitar tanto sobre el escritorio que no logro dormir más, estoy muy despierto, mis sentidos perciben el aburrimiento en todo su esplendor, finalmente, llega la hora de la salida, nos toca retirarnos de la sala, cerrar la gran puerta transparente que es ventana y es pared y cuya cerradura me cuesta trabajo maniobrar, cada día me cuesta trabajo recordar hacia qué lado se cierra la puerta, el proceso puede demorar varios minutos; después de cerrar la sala, uno pasa a la oficina principal a recoger las cosas que se dejan ahí al comienzo de la jornada y luego uno puede retirarse del lugar. Una vez afuera, el hechizo del frío se desvanece y el sol me taladra la cabeza, espero el transporte público para ir a casa, normalmente el autobús está repleto de gente y música a todo volumen. Debo añadir que si considero que la canción es bonita, no me molesta el bullicio en el autobús, en éstos se coloca mucho vallenato y si el vallenato es del tipo romántico y no del tipo socarrón y parrandero, lo disfruto, porque ese es mi ladito cursi, hasta llego a mover la cabecita en el asiento al compás de la canción, hago esto hasta que el calor me adormece y mi cabeza queda bamboleando en el asiento de adelante entre incontables sacudidas en el camino a casa…

Alivio y eternidad

No sé si pueda emplear las palabras correctas para expresar aquello que quiero decir, y menos sé si mi escrito tendrá un sentido poético o estético que capte la atención de cualquier ávido lector; después de todo, no soy un escritor de abismales versos o espléndidas prosas. Sin embargo, aquello que sí puedo asegurar es que escribo esto estando en mis 5 sentidos.

No encontraba el alivio, pues no conocía su significado
No quería ser eterno porque el dolor se hacía inmenso
Perdí la esperanza en la humanidad, dado que nadie me ayudaba a salir del barro
La ira me invadió, y se apoderó completamente de mi vida

No encontraba el alivio, pues mis recuerdos lastimaban mi alma
No quería ser eterno, porque mi alma se encontraba cansada
Deseaba alejarme de todo ya que nada me llenaba en la vida
La tristeza fue mi aliada según los pensamientos que me controlaban

¿Quién es? ¿Podrá ser? ¿Por qué tardaste tanto? Mejor dejo de preguntar, lo que importa es que por fin estás acá.
Me alegro tengas silueta… ¿Ah? No digas esas cosas hirientes, por supuesto que me encanta la silueta que tienes. Sí, es en serio.
¡Oh! Ya veo. No te preocupes que te entiendo, ya no estás perdida.

Cuánto alivio hay en mi interior, pues me ha ayudado a sanar
Quiero que ambos seamos eternos, porque así siempre podremos estar juntos.
Una sonrisa se me dibuja en el rostro y es natural… Por fin mi irá se ha disipado.
Cuántas lágrimas salen de mis ojos. Las suficientes para llorar de felicidad.

Cuánto alivio hay en mi interior, a su lado he encontrado mi refugio
Quiero que ambos seamos eternos, y bailar desde el alba hasta el ocaso
Me gustas que seas tú. Sí, tú y nadie más. Eres la única que posee mi corazón reformado.
Cuántos matices tienes. Construyen en ti día a día la creación de mis sueños

Te imploro me des tu mano. Aliviemos la vida y sigamos con este amor hasta la eternidad

Por: Alan Alejandro

Premios Oscar (III parte)

Falta un solo día para la entrega de los Premios Oscar y hoy avanzamos con tres categorías más:

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN

• Sin novedad en el frente
• Avatar: El sentido del agua
• Babylon
• Elvis
• Los Fabelman

MEJOR GUION ADAPTADO

• Ellas hablan (Sarah Polley, basada en el libro de Miriam Toews)
• Sin novedad en el frente (Edward Berger, Lesley Paterson, Ian Stokell, basada en la novela de Erich Maria Remarque)
• Living (Kazuo Ishiguro, basada en ‘Ikiru’ de Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni)
• Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion (Rian Johnson, basada en ‘Puñales por la espalda’)
• Top Gun Maverick (Peter Craig, Justin Marks, Ehren Kruger, Eric Warren Singer y Christopher McQuarrie, basada en los personajes creados por Jim Cash y Jack Epps Jr.)

MEJOR GUION ORIGINAL

• Almas en pena de Inisherin (Martin McDonagh)
• Todo a la vez en todas partes (Daniel Kwan, Daniel Scheinert)
• Los Fabelman’ (Tony Kushner, Steven Spielberg)
• TÁR (Todd Field)
• El triángulo de la tristeza (Ruben Östlund)

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Ámate, es gratis

¿Te habrá pasado esto alguna vez?

Mendigar cariño, aguantar insultos, desprecios e incluso infidelidades de personas a quien amabas, sentirte «nada» por no haberle caído bien a alguien, realizar acciones impropias tomando riesgos para satisfacer a otro, decirte cosas y sentirte acomplejad@ por lo que eres y como eres… y así otras más en la que te has dicho «no valgo nada», «¿por qué hice ésto y lo otro?».

…Y ahí estás, pensando en eso,  pero recuerda algo:

Muchos pagamos muy caro esos errores,  pero siempre habrá un punto en nuestra vida que frene tantas situaciones negativas. Hoy es un gran día para decir, basta, ya no más.

Dos cosas son necesarias: Confiar en Dios que todo irá bien y amarnos a nosotros mismos.

El tiempo para consolidar el amor propio es hoy, es ya, es siempre.

Regálate pequeños detalles (tu dulce favorito, escucha y canta tu canción preferida, baila y ríete de verdad) que engranden el corazón, palabras hermosas que endulcen el alma, momentos especiales que nutran tu ser.

Tómate un momento para apreciar lo increíble que eres. Quien mira afuera, sueña; quien mira adentro, despierta. Ámate, es gratis.

Alejandro Andrade
@alejoandrade007

PREMIOS OSCAR 2023 (II parte)

Seguimos avanzando hacia la entrega de premios Oscar 2023 y esta vez te presentamos tres nuevas categorías:

MEJOR CORTOMETRAJE DE ACCIÓN REAL

• An Irish Goodbye
• Ivalu
• Le Pupille
• The Red Suitcase
• Night Ride

MEJOR CORTOMETRAJE ANIMADO

• The Boy, the Mole, the Fox, and the Horse
• The Flying Sailor
• Ice Merchants
• My year of dicks
• An ostrich told me the world is fake and I believed it

MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL

• The Elephant Whisperers
• Haulout
• How Do You Measure a Year?
• The Marsha Mitchell Effect
• Stranger at the Gate

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27 de febrero: Nacimiento de Pedro León Zapata

Pedro León Zapata, el famoso pintor y humorista gráfico venezolano, nació el 27 de febrero de 1929 en La Grita, Táchira.

Completó los estudios de bachillerato en el Liceo San José de Los Teques y luego perfeccionó sus capacidades artísticas en la Escuela de Artes Plásticas.

Desde 1964 publicó los ingeniosos y brillantes «zapatazos» en el diario El Nacional. Fue galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981, el Premio Nacional de Periodismo en 1967, además de dos Premios Municipales en 1974 y 1978. También trabajó en radio, televisión y teatro, y fue el fundador y coordinador de la Cátedra Libre de Humorismo Aquiles Nazoa de la Universidad Central de Venezuela.

El premio Pedro León Zapata se entrega cada año al mejor caricaturista de la prensa venezolana por su contribución al humorismo periodístico, enfocado en la denuncia de las marginaciones y discriminaciones provocadas por el desarrollo caótico de Venezuela.

Zapata muere el 6 de febrero de 2015, dejando un legado irremplazable en la historia del arte de Venezuela.