La colección de arte más importante del mundo

Lo que actualmente se conoce como la colección privada de arte más importante del mundo, ha quedado en manos del nuevo monarca británico Carlos III.

Su predecesora, Isabel II, en su extenso reinado no solo sumó obras a la colección real, sino que se preocupó por la restauración de piezas con cientos de años de historia dentro de la familia, e invaluables para el arte en general.

Estas obras se encuentran ubicadas en las diferentes propiedades de la corona como el Palacio de Buckingham, el Castillo de Windsor, Casa Frogmore, Clarence House, Palacio de Holyroodhouse, Hampton Court, National Gallery y Victoria and Albert Museum. Gracias a que se exhiben al público, obras de Rubens, Da Vinci, Miguel Ángel, Monet, Warhol, entre muchos otros, pueden ser admiradas por la colectividad.

Carlos III se conoce por ser admirador del arte y posee algunas obras de alta envergadura que se espera se incorporen pronto a la colección real. Según algunas fuentes cercanas al palacio, se plantea la posibilidad de incluir nuevas obras en los próximos meses.

Estaremos atentos para presentarles todas las noticias al respecto.

3 hallazgos arqueológicos perturbadores

A lo largo de la historia, han existido descubrimientos que nos han dejado pensando en qué hemos fallado al establecer una línea de tiempo que podemos considerar como el desarrollo de la humanidad, ya sea por el adelanto en su tiempo o en los detalles de su composición.⁣

Hoy te presentamos 3 casos increíbles que han sido hallados por arqueólogos:⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟯: La 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦 𝘛𝘦𝘤𝘢𝘹𝘪𝘤-𝘊𝘢𝘭𝘪𝘹𝘵𝘭𝘢𝘩𝘶𝘢𝘤𝘢, descubierta en 1933 en el valle de Toluca, México. “Desde las primeras discusiones de este hallazgo durante el XXXIV Congreso Internacional de Americanistas en 1960, varios especialistas de la arqueología Mesoamericana (Gordon Ekholm, Jose Alcina Franch y David H. Kelley, entre otros) han considerado la cabecita de Tecaxic-Calixtlahuaca como una de las evidencias Mesoamericanas más confiables acerca de la existencia de contactos transoceánicos precolombinos.” (Romeo H. Hristov).⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟮: El 𝘮𝘦𝘤𝘢𝘯𝘪𝘴𝘮𝘰 𝘥𝘦 𝘈𝘯𝘵𝘪𝘬𝘺𝘵𝘩𝘦𝘳𝘢 fue hallado en 1900 por un equipo de buceadores griegos que se encontraban buscando esponjas marinas, en la isla de Symi, en el Mediterráneo Oriental. Este artefacto adelantado a su época tiene aproximadamente 2200 años de antigüedad. Fue construido entre el 70 y 200 a. C. En 2021, los científicos de la UCL Mechanical Engineering del Reino Unido; finalmente, lograron armar la parte faltante y descubrieron que fue construido para predecir eclipses. “Si los científicos griegos antiguos podían producir estos sistemas de engranaje hace dos milenios; toda la historia de la tecnología de Occidente tendría que reescribirse” (Freeth).⁣

𝗣𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝟭: 𝘎𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘲𝘶í𝘮𝘪𝘤𝘢 𝑝𝘦𝘳𝘴𝘢. En el año 1933 el arqueólogo Robert du Mesnil hizo un perturbador hallazgo en cuanto a las guerras químicas. Durante las excavaciones, se encontraron una serie de túneles que escapaban de lo común. En ellos se encontraron 19 cuerpos que parecían intentar escapar de algo. Luego de varias investigaciones, se llegó a la conclusión de que hace más de 2000 años atrás, los persas atacaron a los romanos utilizando la química.⁣

¿Cuál de estos hallazgos te gustó más? Déjanos saber en los comentarios.

EL ORFANATO

Trabajaba en una antigua construcción del siglo XIX a las afueras de la ciudad, estábamos en labores de restauración de la estructura de una vieja casa que, a juzgar por la cantidad de habitaciones y oficinas que allí habían, se trataba de un hospital, un hotel o una de tantas casas que funcionaban como centros de albergue de pequeños niños que, por circunstancias de la vida, lamentablemente quedaron huérfanos o simplemente eran abandonados por sus inescrupulosos padres queriendo librarse de sus responsabilidades. Según nos contó el profesor Dexter Ambrose, cronista e historiador, allí efectivamente funcionaba un orfanato, llamado Sterling-Mason en honor a las familias que eran las benefactoras de dicho orfanato entre los años 1850 y 1893 donde por una extraña y desconocida razón, éste fue clausurado.


Al abrir las puertas de la casa, se percibía un ambiente tétrico y espeluznante, incluso a plena luz del día, ventanas rotas, la madera de las puertas y el piso carcomida por las termitas y enmohecida por la humedad del lugar, telarañas y un fuerte hedor a excremento de palomas en todo el lugar, daban escalofríos y miedo tan sólo al pasar a través de las habitaciones; los catres y literas aún con sus sábanas y almohadas acomodadas en su lugar, donde los ratones habían hecho sus madrigueras y los baúles que guardaban las pertenencias de los pequeños permanecían cerrados, como cápsulas del tiempo que aguardaban ser abiertas. Al final del pasillo principal se encontraban las oficinas principales del orfanato, dirigido al momento de su clausura por Mr. Simon Johnson y asistido por las hermanas de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que se abocan principalmente al cuidado de los más desposeídos, los ancianos y en este caso, a los cientos de huérfanos que allí vivían durante los 43 años de servicio del hogar.


Abrimos las puertas de la oficina principal y logramos encontrar el archivo que custodiaba con sumo recelo y cuidado, los expedientes de todos los niños y niñas, en estricto orden alfabético en dos gavetas; una, donde se encontraban los documentos de los niños que eran adoptados, y por otro lado, la gaveta más grande donde estaban los expedientes de los niños que esperaban encontrar una nueva familia. Según el estudio del profesor Ambrose, de acuerdo a lo encontrado en el archivo de niños adoptados, se pudo deducir que la gran mayoría fueron adoptados por familias pudientes no sólo de la ciudad de Nueva York, sino también de ciudades como Chicago, Boston y Detroit, mientras que eran realmente reducidos los casos en los que los niños volvían al orfanato Sterling-Mason, que se había caracterizado por enseñar valores y disciplina de manera estricta, además de proporcionar la educación básica para que los niños pudieran tener conocimientos acerca de ciencias varias al momento de su adopción o al momento de que cumplieran su mayoría de edad.


Al momento de finalizar la inspección preliminar de la estructura de la casa, nos dispusimos a realizar las labores de restauración, pedida expresamente por el Departamento de Preservación del Patrimonio Histórico del ayuntamiento, donde el Profesor Dexter Ambrose era uno de sus más importantes miembros, además de ser un gran historiador, es un hombre apasionado en los temas de la navegación y las diferentes expediciones que se han realizado alrededor de los polos. En una breve reunión que tuvimos con él, nos explicó que esta casa donde funcionaba el orfanato, era una propiedad conjunta entre las familias Sterling y Mason, que amasaron grandes fortunas en la industria del carbón y la industria ferroviaria respectivamente, y que fue adquirida en el año 1848 precisamente para iniciar el funcionamiento de dicho orfanato, administrado en primer lugar, por la esposa de uno de los magnates que se asociaron; Elizabeth Sterling, sucedida en su puesto años más tarde por su hija, Margaret Sterling-Mason. Ambas fallecieron en circunstancias aún desconocidas, asistidas siempre por las hermanas Carmelitas, y finalmente su puesto fue tomado por Simon Johnson, un profesor de escuela primaria caracterizado por su estricto carácter y su falta de tolerancia ante la indisciplina y el desorden.


En los alrededores de la casa, los jardines eran los únicos lugares donde el paso del tiempo no hizo mella; jazmines, lirios y muchas rosas aún florecían como en los tiempos pasados, donde a diario se veían a los niños correr y jugar en los espacios del hogar de cuidado, mientras eran observados por las monjas que se encargaban de velar por ellos. El parque de juegos estaba también deteriorado, aunque me llamó la atención una puerta metálica sellada al fondo del edificio con remaches y soldaduras. Intrigado, mantuve este lugar en secreto para intentar saber qué se ocultaba a la vista de quienes entraran al recinto luego de la clausura del orfanato. Juzgué que detrás de esa puerta, se encontraba la respuesta al misterio en torno al cierre del lugar. Durante las labores de restauración, me tomaba un buen tiempo para intentar abrir esa puerta, usando las herramientas de los obreros que habíamos contratado para trabajar en ese momento, sierras, cizallas, discos de corte… Nada había funcionado hasta entonces.

Durante el día, no sucedía nada fuera de lo común dentro de la casa, hasta que una noche, los vecinos llamaron a la policía argumentando escuchar ruidos provenientes del antiguo orfanato; sonidos de cadenas arrastrándose, seguido de alaridos de dolor y sufrimiento acompañados de carcajadas fueron la sinfonía del horror orquestada esa noche en particular. Este misterio se volvía más difícil de resolver. A la mañana siguiente, hablé con el profesor Ambrose sobre la puerta del fondo del pasillo, confidencialmente, por supuesto; afirmó que dicha puerta no aparecía demarcada en los planos originales del edificio y que, por consiguiente, no representa algún acceso o construcción anexa al patrimonio documentado en la propiedad. Insistí en llevarlo hasta el sitio y efectivamente, me creyó acerca de este acceso oculto, e inmediatamente, llamó a dos obreros para que pusieran manos a la obra y derribaran esa puerta. Encontramos cierta dificultad para ingresar al recinto que se hallaba tras esas paredes, bajamos a través de unas escaleras que allí se encontraban, y llegamos a una especie de sótano amplio y completamente oscuro donde la única manera de acceder era a través del paso que habíamos descubierto. Llevamos nuestras linternas para iluminar nuestros pasos, y al llegar al sótano, no encontramos evidencia alguna de que allí se realizara algo. El piso era enteramente de tierra, algo muy extraño en esta clase de construcciones de la época. El profesor Ambrose inspeccionando más de cerca, pudo encontrar irregularidades en el piso de la habitación, tales como desniveles en el suelo y unas extrañas cadenas que colgaban de las paredes, de la misma manera como se veían en las mazmorras de los castillos antiguos.


-¡Traigan de inmediato las palas y comiencen a excavar!- exclamó sin titubeos el profesor Ambrose, adelantándose a cualquier petición que yo le hubiera hecho en ese momento. Tras varios minutos excavando, encontramos una caja de hierro, que contenía en su interior varios documentos, entre ellos, una lista de los jovencitos que habían sido devueltos al orfanato, bajo la administración de Johnson, cuya firma aparecía en cada carta de devolución expedida a su oficina. Acto seguido, seguimos excavando y, lo descubierto, nos causó espanto y terror. Una carta dentro de una botella, firmada por el mismísimo Simon Johnson, confesando que él había sido parte del orfanato desde que era un pequeño bebé hasta el momento de su adopción, y que desde que tenía uso de razón, recordaba los malos tratos que, según su escrito, le propinaban las Carmelitas debido a su mal comportamiento. Afirmaba también que deseaba en ese momento de su vida llegar a ser el director del orfanato para poner en su lugar a cada una de las personas que le hicieron daño durante su estancia en ese lugar, también confesó con lujo de detalles, que secretamente mandó construir ese sótano para usarlo como cámara de tortura no sólo para hacer sufrir a quienes eran sus víctimas, sino que también a cada uno de los niños que, por ciertas circunstancias no eran adoptados. Al pie de la carta, también confesó haber asesinado a todos los maestros, a los cientos de huérfanos que allí vivían al momento de la clausura del orfanato y a las hermanas que allí servían durante su administración, mintiendo acerca del destino de las personas que mataba y que torturaba de diferentes maneras, y que al momento de escribir ese mensaje, estaba arrepentido de haber realizado tales atrocidades en ese lugar, y que, la mejor opción que tenía era acabar con su vida.


Todos, horrorizados y confundidos, nos retiramos de allí, con más dudas que respuestas, como habíamos acordado, nuestro trabajo de restauración del antiguo orfanato Sterling-Mason había finalizado, y, al cabo de varios meses, tras investigaciones, el sótano secreto había sido descubierto. De inmediato, iniciaron excavaciones donde encontraron los restos de cientos de personas que allí habían sido sepultadas, y en una habitación secreta adyacente, se encontró colgado del cuello, el cadáver reseco de Simon Johnson.

INOCENCIA REBELDE

Por Sofía De Bourg

Dejemos que el tiempo vuele
como atados a la corriente
que nos lleve
como pequeños copos de nieve
que se densan con el relieve del camino
que nos envuelve, ábranse y créese
asendiando con fuerza
sobre la corriente, que marca en el pequeño corazón el paso del amor
que el alma lo recordó
pues la marcó con un eterno
que ni el dolor,triste agonizante desmanchará
los pasos de la existencia
que nos une a la entrada y a la salida
de lo que llamamos vida nos quitara ser su niña

CACHORRO DE LEÓN

            Hace un tiempo, en las sabanas africanas, específicamente en Kenia, mi compañera Alma y yo nos dirigimos hacia un lugar maravilloso, donde la fauna salvaje prosperaba de manera excepcional. En nuestra primera noche allí, vimos de forma dispersa una manada de leones, cuya hembra alfa se disponía  a cazar una joven cebra, pero, al acecho también estaba una jauría de hienas manchadas, cuya sola presencia incomodó a nuestra leona, que, desgraciadamente, cayó víctima de las hienas, quienes de manera cobarde y ruin, asesinaron a esta magnífica bestia. 

           Al día siguiente de ese desproporcionado encuentro mortal, Alma, dos hombres que nos acompañaron en el recorrido en la sabana y yo salimos en busca de una nueva manada para observar y, de esa forma, encontrar lo que estábamos buscando.

No tardamos mucho cuando vimos a lo lejos a una joven leona dando a luz por primera vez, por la época y la cercanía asumimos que se trataba de una leona que pertenecía a la manada de la leona que, desdichadamente, vimos morir la noche anterior. 

De su vientre vi salir un cachorro que a pesar de no ser tan especial o particular, tenía un aura especial que hacía que no fuera difícil de que pasara desapercibido.

Con sigilo me acerqué. -¿Qué diablos haces?  -dijo  Alma, como diciéndolo entre dientes. -Espera… quiero verlo, puedo grabar todo -respondí -Estás loco -dijo ella.

Cuando, a lo lejos divisé un joven que pertenecía a una de las muchas tribus que, siguiendo tradiciones primitivas de su cultura, daba muerte con su lanza a la cabeza visible de la manada. Me dolió ver como asesinaban a tan magnífico animal que, sin razón aparente, fue muerto y llevado a rastras por el joven y los demás miembros de la tribu.

            Mis presentimientos acerca del pequeño león eran ciertos. Estaba llamado a ser el líder que defendería a su manada incluso con su propia vida, no como lo hacían ver las películas y series de televisión que vi una vez, sino de la forma más salvaje y primitiva posible. Pasaron los meses, partimos del lugar y siempre me quedó la espina de saber qué había sucedido con mi pequeño amigo y su manada, cuando surgió nuevamente la ocasión de visitar el mismo sitio en la misma época que lo vi por primera vez.

Pasado el tiempo, regresamos al lugar donde habíamos visto ese acontecimiento tan especial y maravilloso; la manada había crecido, dado que las hermanas de nuestro cachorro habían engendrado prole propia, se me hizo extraño y a la vez tan normal no ver a nuestro amigo y por quien habíamos vuelto a ese lugar, mi instinto dio señales de un presagio que no quería que fuese realidad. 

            Recorrí la zona en el jeep de los guías del lugar, muy buenos amigos míos por cierto, cuando observé muy cerca de mi a un imponente y gigantesco felino acechando a una manada de cebras, miré detenidamente y pude mirar, completamente estupefacto y asombrado, que ese era el mismo cachorro qué Alma y yo vimos nacer. Quedé anonadado por ver el tamaño de ese león, era mucho más grande que cualquier otro león que haya visto, mi jeep se veía diminuto al lado de esa bestia, que hace unos años, se veía tan pequeño y débil a tal punto que creí que parecería bajo el inclemente sol de la sabana africana. Alma no me acompañó, nos separamos dado que debía estudiar a varias especies en peligro de extinción del sureste de Asia, pero, en esta ocasión, me acompañó mi fiel compañero Simeón, mi perro que había rescatado de la calle. Simeón se bajó apresuradamente del jeep, lo seguí e iba directamente a donde estaba mi gigantesco amigo melenudo, tal vez por curiosidad o por querer jugar con un gato gigante. Huyó espantado por el potente zarpazo qué propinó el león a una cebra, de tal manera que el equino cayó al suelo y poco pudo hacer para ofrecer resistencia ante el ataque mortal. Su madre, sus hermanas y el resto de la manada se acercaron a disfrutar del festín de carne fresca que les ofrecía su líder, cuando a lo lejos se podía distinguir claramente el chillido burlesco e infame de una manada de hienas acercándose. Las hienas, al ver de qué manada era la presa, se alejaron dado que el león había tenido una larga guerra contra ellas, la cual, dio como resultado la derrota del grupo de carroñeros. Aunque, por otro lado, la manada tenia una nueva batalla qué librar, no era contra las hienas, o los perros salvajes, no… Era ante un enemigo más poderoso que todas las fieras juntas. Los masai.

          Los feroces guerreros Masai acostumbran cazar leones como rito de pasaje para convertirse en hombres desde tiempos milenarios, y eso diezmó la población de leones en esa región, muchos fueron asesinados vilmente, incluyendo al padre de mi león. Escuché a los lugareños decir que los Masai buscarían matar al león, que quien lo hiciera se llevaría como esposa a la hija del jefe de la tribu, tal rumor me heló la sangre y me llenó de espanto. En silencio me retire del lugar y busqué por todos los medios posibles a la manada, tenía que asegurarme que nadie tocaría a ese majestuoso animal… Llegué justo a tiempo, la manada en pleno descansaba al pie de un frondoso árbol de acacia, abundantes en este lugar, mi león lucía imponente, rodeado de toda la manada, las leonas y sus cachorros, y algunos machos viejos y jóvenes que permanecían allí con ellos, con este hecho, pude constatar de que este enorme felino no era como los otros leones que había observado antes, que expulsan a los machos jóvenes o viejos de la manada, sino que, los preservaba y los tenía preparados para cualquier eventual ataque de hienas u otros elementos que pudieran representar una amenaza para su familia. Instalé rápidamente mi campamento en ese lugar, a cierta distancia de la manada, mi intención no era que me vieran como un extraño más, pero, quería prevenir un ataque inesperado, hice vigilia por varias horas, me alimentaba, descansaba y volvía a mis labores de quedarme allí, protegiendo al enorme león de su posible muerte.

        Allí permanecí durante esa noche, al tanto de lo que pudiera suceder afuera durante mi guardia, sin molestar a la manada, pero tampoco sin perderlos de vista ya que era mi propósito principal en ese momento, cuando en plena madrugada, escuché los cánticos ceremoniales de los Masai que, sin lugar a dudas, eran el inicio de mi presagio. Me levanté rápidamente, cogí mis lentes de visión nocturna y sigilosamente me acerqué al lugar donde estaban los miembros de la tribu, bailando y cantando alrededor del joven que, buscaría de cualquier manera, acabar con la vida del majestuoso felino que era motivo de mi preocupación, ese león que vi nacer y que creí que moriría por su extrema pequeñez y debilidad, y que en poco tiempo se convirtió en el máximo líder de la manada y rey de esos dominios donde él y sólo él, decidía el destino de sus congéneres y de los demás animales que allí vivían.

        Llegó el amanecer de forma abrupta, los ancianos y los cazadores más experimentados aconsejaban al jovencito sobre la forma en que debían matar al león por medio de sus lanzas, buscando emboscar a su objetivo y alejando al resto de la manada que, seguramente buscarían proteger a su líder. Según lo que pude entender, irían al fondo de un desfiladero, atrayendo al grupo de leones con la carne de una vaca que había sido sacrificada para ese fin, luego, acorralarían al gigantesco animal para que el joven Masai se encargase de darle muerte con su lanza atravesando su pecho y destruyendo su corazón. Tomé las medidas respectivas del caso para evitar a toda costa, que mi magnífico león fuese asesinado. Llevaba mi escopeta, sólo por precaución, no quería usarla para nada, aunque si hubiera sido necesario, no me hubiera costado nada vaciar su contenido sobre cualquier persona que se opusiera a mí, sin importar las consecuencias que acarrearía una situación de ese tipo. Aprovechando que los hombres de la tribu estaban entretenidos entre el jolgorio y el alboroto de la ceremonia, amarré el cadáver de la vaca por una pata a una soga, mientras que el otro extremo lo enganché a mi jeep, con sumo cuidado, me deslicé hasta mi vehículo, lo encendí, arranqué y entre tanto alboroto, la carne fue arrastrada hasta el lugar donde se encontraba la madre y el resto de leones, donde, mi mayor satisfacción fue el ver a todos alimentarse con los restos de ese animal que en manos de los Masai serviría de cebo para atraerlos a una muerte segura.

       A pesar de que frustré los planes de los cazadores, seguían empeñados en matar al enorme león que, de cariño, comencé a llamarle Atrox, por su gran parecido en su tamaño a una especie extinta de león que habitó el continente americano durante la Edad de Hielo y que, precisamente, su nombre científico es Panthera leo atrox. Nunca había visto un enorme felino de ese tamaño en estado salvaje, aunque había visto en reiteradas ocasiones varios ejemplares de “ligre”, híbridos producto del cruce entre un león macho y una tigresa que llegan a ser realmente gigantes en comparación a sus padres, ya que no paran de crecer durante su vida. Este león no era un ligre porque vi con mis propios ojos, y mi compañera Alma está de testigo, que nació de una leona, así que no me queda a duda de que se trata de un espécimen único en su tipo, que logró crecer más que el resto de sus hermanos y que el resto de los demás miembros de la manada, sin indicios de que pueda ser un raro caso de gigantismo o poseer algún otro tipo de trastorno a nivel hormonal.

         Prosiguiendo con el relato, los Masai estaban decididos a terminar con Atrox y su manada, de una vez por todas, cuando, en los alrededores de la aldea, retumbaron varios rugidos seguidos por gritos y llantos de mujeres y de los niños, donde una manada de leones se entregaba al festín de carne humana, mientras que en el cañón del desfiladero, los cazadores resultaron convertirse en presas, donde Atrox encabezó la matanza donde murieron todos los Masai, incluyendo al joven escogido para matar al enorme felino. 

       No entiendo aún por qué la manada actuó de esa manera, ¿Venganza, tal vez? ¿Tendrían algún propósito para invadir la aldea Masai y masacrar a la población más vulnerable mientras que los hombres no estaban? La guerra entre los Masai y la manada de Atrox estaba más que cantada, y yo no podía hacer nada más al respecto. Y así, nació el mito de los leones cazadores de hombres en las sabanas kenianas, una manada que, de forma imparable e inmisericorde, sembraban el terror y el miedo entre animales y seres humanos de los alrededores, encabezados siempre por el majestuoso león gigante que vi nacer. 

SE FUE

Ella se fue
Escapó un día por una ventana
Yendo sola a su propio destierro
Y dejó de existir para los vivos

Ella se fue
Tan lejos que nadie podía encontrarla
Más allá de lo que ningún ser humano había ido

Ella se fue
Y dejó los recuerdos en un cajón
Y los amores en las rosas
Se fue tan lejos...

Caminaba por las estrellas
Hasta que una de ellas
Le hizo tropezar y lloró profundamente
Pero el brillo del sol le devolvió la vacía sonrisa
Porque desde hace mucho tiempo
Ella se había ido