Por Nicole Brouged

Late, late, late corazón
Corazón dislocado y lleno de dudas
Dudas pasajeras, dudas intensas que se mezclan en un solo ser
Ser que quiere ser y no puede
No puede porque tiene miedo
Miedo de ser, porque cuando no es, llega al infinito cielo y toca las estrellas con la falsa sonrisa de felicidad.
¿Logra siendo o sin ser?
Sin ser, como el payaso de las siete máscaras que una vez conoció en su pasado doloroso, lleno de escombros.
Escombros de una vida no aceptada, de espinas no sacadas, de desidia, miedo y abandono.
¿Abandono de qué, si los supuestos verdugos siempre estuvieron a su lado?
A su lado, en forma de tristeza, en forma de humanos que perseguían un fin inesperado, una masa de humanos llena de colores y dolores.
Dolores, millones de ellos. Y ahí sigue ella, entre río y mar, dulce y salado.
Viviendo, solo viviendo entre sus letras infames, algunas creadas, otras confesadas.
Confesadas con gran angustia en el alma,
Alma noble que dejó de ser y paga cada día llevando la pesada cruz a cuestas, con las astillas clavándose en la piel.
La piel herida, el cuerpo empobrecido y la mente llena de terrones de azúcar y hormigas violentas que comen y esconden el dulce en los rincones de un cerebro que es, de una mente que deja de ser.
Late, late, late, corazón dislocado...
