La sombra del miedo

Relato de Andrés Álvarez Petersen

Era una noche oscura y tormentosa. Un hombre caminaba por las calles vacías de la ciudad, envuelto en un abrigo negro. Su rostro estaba pálido y sudoroso, y sus ojos reflejaban el terror que sentía en su interior.

Había escapado de su casa, donde había presenciado una escena horrible. Su esposa e hijos habían sido asesinados por unos intrusos armados que habían entrado a robar y a sembrar el caos. El hombre había logrado esconderse en el sótano, pero no pudo hacer nada para salvar a su familia.

Ahora, vagaba sin rumbo, buscando un lugar seguro donde refugiarse. Pero sabía que no lo encontraría. El mundo entero era un lugar hostil y peligroso donde reinaba el miedo. El miedo a la violencia, a la enfermedad, a la pobreza, a la soledad, a la muerte.

El hombre recordó su vida pasada, cuando era feliz y tenía esperanzas. Había estudiado, trabajado, amado, soñado. Pero todo se había ido al traste. La crisis económica, la guerra, la corrupción, la injusticia. Todo había contribuido a crear un clima de terror que se había apoderado de las mentes y los corazones de las personas.

El hombre se detuvo frente a una iglesia. Pensó en entrar y rezar, pero se lo impidió el recuerdo de los escándalos que habían salpicado a la institución religiosa. Abusos, encubrimientos, hipocresía. ¿Dónde estaba Dios en medio de tanto horror?

El hombre siguió caminando, sin rumbo ni destino. Se cruzó con algunos mendigos, que le pidieron limosna con voz temblorosa. El hombre les ignoró. No tenía nada que darles. Ni dinero, ni comida, ni consuelo.

De repente, oyó unos pasos detrás de él. Se giró y vio a cuatro hombres encapuchados que le apuntaban con pistolas. El hombre sintió un escalofrío. Sabía que iban a matarle.

— ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren? — preguntó el hombre con voz débil.

— Somos los hijos del miedo —respondió uno de los hombres —. Y queremos tu vida.

— ¿Por qué? ¿Qué les he hecho? — suplicó el hombre.

— Nada — dijo otro de los hombres —. Solo queremos divertirnos.

Los cuatro hombres rieron con malicia y dispararon al hombre. El hombre cayó al suelo, bañado en sangre. Su último pensamiento fue: «El miedo es el peor de los males».