Conócete y valórate

Por Alejandro Andrade

De acuerdo con la tradición cristiana, el alma es uno de los aspectos del ser humano que lo unifica como individuo y lo «lanza» a actividades que van más allá de lo material.

Partiendo de ello, nos preguntamos: ¿El impulso de nuestras acciones son dadas en primera instancia por nuestra alma?

Podemos decir, entre tantas ideas, que cada ser humano desarrolla desde su alma y espiritualidad, gestos desde la sencillez que hace que se manifieste el amor en todas nuestras actuaciones.

Recuerda: Al igual que siempre decimos que lo que hay en el corazón, sale de la boca, ésto va acompañado en el expresar que nuestras acciones son reflejadas de nuestra alma: sonreír con sinceridad, tender la mano a quién lo requiera sin esperar retribución y toda aquello que puedas hacer que hable bien de ti.

Seamos valientes hijos de Dios, mostrando con los actos todo lo valioso que hay en nuestro corazón.

Conócete, valórate, nutre tu espíritu creyendo y orando, de esa manera mostrarás tu alma noble con cada acto que hagas.

Ámate, es gratis

¿Te habrá pasado esto alguna vez?

Mendigar cariño, aguantar insultos, desprecios e incluso infidelidades de personas a quien amabas, sentirte «nada» por no haberle caído bien a alguien, realizar acciones impropias tomando riesgos para satisfacer a otro, decirte cosas y sentirte acomplejad@ por lo que eres y como eres… y así otras más en la que te has dicho «no valgo nada», «¿por qué hice ésto y lo otro?».

…Y ahí estás, pensando en eso,  pero recuerda algo:

Muchos pagamos muy caro esos errores,  pero siempre habrá un punto en nuestra vida que frene tantas situaciones negativas. Hoy es un gran día para decir, basta, ya no más.

Dos cosas son necesarias: Confiar en Dios que todo irá bien y amarnos a nosotros mismos.

El tiempo para consolidar el amor propio es hoy, es ya, es siempre.

Regálate pequeños detalles (tu dulce favorito, escucha y canta tu canción preferida, baila y ríete de verdad) que engranden el corazón, palabras hermosas que endulcen el alma, momentos especiales que nutran tu ser.

Tómate un momento para apreciar lo increíble que eres. Quien mira afuera, sueña; quien mira adentro, despierta. Ámate, es gratis.

Alejandro Andrade
@alejoandrade007

TODO ES CASUALIDAD ¿CAUSADA?

Seguro te has comido todo el cuento y has asentido sin vacilación a todas aquellas palabrerías que afirman que hay algo más allá de tus narices; que dada ciertas experiencias llamadas “extraordinarias” que parecen inexplicables, se puede asegurar que alguien te acompaña, te cuida o te salva. ¡Puras sandeces!

¿No te das cuenta que todo es una mera casualidad?, que las cosas suceden porque sí, porque se dan circunstancias que se combinan y no se pueden evitar; que, aunque parezcan extrañas, no tienen un trasfondo o una explicación sobrenatural o espiritual, sencillamente suceden, coinciden en tiempo y espacio. ¡Vaya hombre, no sublimes todo! Que te vas a quedar en el abismo.

– Vale, vale, todos es una casualidad, todo tiene una explicación lógica, no hay que espiritualizarlo todo. Pero, ¿si esa casualidad es causada?…

– Hace unos cuantos años, ocurrió que iba con un par de amigas de una región a otra, unas 8 horas de camino en el auto. Nos turnábamos para manejar, nos agarró la noche y por fanfarronerías acepté conducir en la oscuridad de aquellas vías vacías y carentes de luz. Con una vista un poco nictalópica (ceguera nocturna) tomé el volante y decidí manejar mostrando total seguridad en mí misma, sin temor alguno.

– Por fortuna, uno de esos carros de cargas o transporte, iba delante de mí iluminándome el camino; avanzaba a su paso para no perder la bondad de su luz. Una buena casualidad coincidir en la vía con este tipo de vehículo ¿no crees?, estaba muy agradecida en medio de la tensión que vivía en mi interior.

– Como era de esperarse, el vehículo se desvió dando por concluida la misma ruta que yo seguía, dejándome a merced de la poca luminosidad que me ofrecía mi carro. Mi corazón empezó a latir fuertemente y mis ojos a expandirse cual búho en la noche, esperando su presa. Mis amigas bien relajadas, disfrutando de la música, sumergidas en sus pensamientos.

– El temor se apodera de mí, reduzco la velocidad y empiezo a suplicar internamente que podamos llegar al destino con bien. Unos kilómetros más adelante vislumbro una luz, empieza a verse todo más claro, muchos carros ¿qué extraño? Una cola interminable, me pregunto qué habrá pasado.

– Avanzando a una velocidad más o menos parecida a la que llevaba, transcurrieron 2 horas. (Al menos estaba más tranquila, iba acompañada de muchos carros y con más luz). Por fin, llegamos a la ciudad, ¡luces por todos lados!. Los vehículos que me acompañaron se dispersaron.

Bueno, bueno, y ¿qué tiene que ver todo eso con que sea una casualidad causada?

           – No sé, ¡dímelo tú!.