
Hoy, como otros días, voy caminando por las calles de esta gran ciudad en un día más que lluvioso, como si el cielo eterno cayera a fuertes trombones, mojando mi alma.
Y mi rostro, el cuál por un momento está ya desencajado por toda el agua que tiene en encima, ya no me deja respirar así es que me paro por tan solo un instante y me quito esta pesada máscara que lleva mi alma; este rostro que parece más que muerto y de repente con un vendaval fue arrancada de mis manos por un viento helado como la misma muerte cayendo por el piso llevándosela, la corriente perdiéndose entre la gente que deambula en las calles de está extraña cuidad y yo pasmado sin reaccionar y pasando, volteo y me miro en una tétrica venta que para mi imaginación era horrible y solo grito de inmenso terror el cómo me veo sin ese rostro, pareciendo un verdadero monstruo y empiezo a gritar vociferando, maldiciendo, corriendo como un verdadero loco de un lado a otro y solo la gente me mira. Unos me miran y se espantan, otros se ríen y se burlan y ya de tanto gritar. Denme mi rostro que me muero, que no respiro que no vivo ni sonrío que solo soy un hombre más que vacío. Me tiro al frío piso llorando como un niño, viendo la gente pasar y reír otros tantos llorar por mi triste soledad, miro solo la lluvia caer y respiro profundamente y entiendo que el rostro que he perdido era aquel que me había atado en las cadenas de mi tristeza por estar pensando en ti, a pesar de que tú ya estés muerta y no del cuerpo si no de mi alma y por eso me siento feliz de haberlo logrado aunque hoy solo esté en las noches eternas y mi frío corazón no vuelva a latir .
